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Gato gordo ve a su dueño como un atún gigante al que algún día devorará

"ALGÚN DÍA, ALGÚN DÍA...", SE DICE A SÍ MISMO EL FELINO

«Oh, el atún, el atún… algún día, algún día…», murmura para sus adentros un gato gordo mientras mira fijamente a su dueño, al que confunde desde hace años con un atún gigante, según confirman varios gatos analistas.

«No se despega de mí. Se frota continuamente contra mis piernas. Hace mucha compañía», explica el dueño, Jorge Martínez, mientras el gato se debate entre atacarlo ahora o seguir esperando que engorde un poco más.

«Espera, no es el momento. Pero oh, qué grande es, qué apetitoso… algún día, algún día…», piensa el animal.

El propietario del felino detalla que, cuando ronronea, el animal se relaja tanto que deja caer un poco de baba de la comisura de sus labios. «Señal de que es feliz», dice, ignorando que el gato está salivando porque se imagina al gran atún abierto por la mitad, exhibiendo sus carnosas y relucientes entrañas al sol.

«De noche es cuando están más activos. Por eso a veces tengo que echarlo de mi habitación, pues salta encima de mí queriendo jugar», asegura el dueño recordando los momentos en los que el gato gordo, poseído por el hambre y la ambición, se abalanza sobre el atún con la intención de acabar de una vez por todas con la faena.

«Qué grande es, y es todo para mí. Mi atún… algún día me lo comeré, algún día…», insiste el gato en sus pensamientos mientras recorre con su áspera lengua la mano de la presa, ese enorme Moby Dick de 86 kilos que algún día, falto de oxígeno, caerá al suelo inerte e indefenso. «Y entonces no habrá piedad, entonces será mío, completamente mío», sentencia el felino.

«Algún día, algún día…», reitera el animal, anhelante, hambriento y con los ojos en blanco.