El empresario de éxito Alain Afflelou ha despertado esta mañana en una de sus mansiones con piscina y, tras mirarse al espejo, se ha preguntado si el negocio que él tiene es una peluquería, una óptica, una cadena de perfumerías “o qué cojones es”.

“Es algo relacionado con la estética pero no tengo ni puta idea. Con esos pelos que llevo, dudo que sean peluquerías. ¿Rayos UVA quizá? ¿Ropa para oficinistas? Mierda, no sé a qué cojones me dedico y no sé cual de mis mansiones es esta. ¿Estoy en Saint Tropez? ¿O es mi casa de Londres? No, hace bien tiempo… Joder, necesito un café. Hostia, que igual es eso lo que hago. Cafeterías Alain Afflelou. Igual era esto”, se dice a sí mismo el ejecutivo francés.

“Coño, ¿dónde he puesto las gafas?”, ha dicho justo antes de vestirse para bajar al salón y prepararse el desayuno.

“Otra vez he perdido las gafas. Me cago en dios. Sea lo que sea que haya montado, es increíble que me haya ido tan bien siendo tan desastre. ¿Igual una cadena de hoteles? ¿Era eso? Ni puta idea, macho”, insistía Afflelou.

“¿Alguno de vosotros sabe lo que hago yo y que me va tan bien?”, ha preguntado el empresario al personal de servicio. “¿Habláis mi puto idioma?”, ha insistido, muy molesto.

En estos momentos, Alain Afflelou está tumbado en el sofá viendo la tele y esperando “que echen algún anuncio de mi cadena de vete a saber qué”.