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Arturo Pérez-Reverte usa un brazo robótico de titanio para firmar ejemplares en el Día del Libro

LO HA PROBADO ESTA MAÑANA EN EL BAÑO Y DICE QUE ES MUY POTENTE

victorinoxEl escritor Arturo Pérez-Reverte ha decidido implantarse un brazo robótico de titanio para evitar la fatiga en un día en el que tendrá que firmar ejemplares de sus novelas durante horas.

El artilugio, equipado con dos baterías de 12 voltios conectadas a un motor eléctrico, tiene un bolígrafo anclado en la punta y permite al escritor firmar 323 autógrafos por minuto, según datos del fabricante.

El propio autor se ha cortado el brazo original con una espada toledana del siglo XV de seis kilos de peso. «He metido el brazo en la nevera y cuando llegue a casa por la noche me lo pongo otra vez y sanseacabó», ha explicado Pérez-Reverte, que insiste en que la operación «no ha dolido porque el dolor es una enfermedad que solo afecta a los cobardes».

El escritor ha probado el aparato en el baño esta mañana y ya ha podido disfrutar de la enorme precisión de este brazo robótico, que es «un poco más frío que la mano humana, pero para eso están los guantes de piel».

El artefacto ha iniciado su actividad a las nueve de la mañana en El Corte Inglés de Goya, en Madrid. Pese a un breve parón para que se dispersara el humo que emanaba de las hojas de los ejemplares firmados, la actividad del escritor ha sido frenética, superando con creces a la de sus colegas de profesión. «Esto va como un tiro, estoy por dejar el brazo aquí e irme a tomar unos vinos», ha confesado el autor.

«No es lo mismo porque el trazo es más rudo, no tiene alma», se quejaba una lectora, que sigue apreciando la firma de siempre. Tras su queja, el brazo robótico ha agarrado a la señora por el cuello y la ha levantado dos metros del suelo. «Es que aún no controlo muy bien el aparatejo ese del demonio», se ha excusado Pérez-Reverte sin disimular su regocijo.

Mañana por la mañana, el novelista volverá a su condición física habitual porque considera que «es mejor mi mano de siempre para practicar el noble arte de tumbar a la gente de una hostia».