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El brutal ataque de un patito de goma vuelve a humillar a los piratas del barco de Playmobil

POCOYÓ EL BÁRBARO, ENREDADO CON LA CADENA DEL TAPÓN DEL DESAGÜE

Tras superar con no pocas dificultades el asedio de un bote de champú Johnson’s Baby que les mantenía arrinconados, los despiadados piratas del barco de Playmobil, a las órdenes de Bieber El Tuerto, han sido víctimas esta mañana de la inesperada embestida de un patito de goma gigante que ha destrozado el casco de su embarcación, provocando su hundimiento.

Ahora, los esfuerzos de los piratas se centran en rescatar a Pocoyó el Bárbaro, que se ha quedado enredado en la cadena del tapón del desagüe tras el choque.

«Estas aves traicioneras se te echan encima como un rayo, te aplastan y te destrozan y luego parten sin borrar de su rostro esa gélida y aterradora sonrisa», admite, aún conmocionado, el temible Bieber.

Navegan a la deriva desde que se apagó el Gusiluz que les guiaba

«Malditas sean estas execrables criaturas del demonio, bestias salvajes que habitan estos mares embrujados», exclama mientras busca un lugar donde agarrarse. «¿Y ese fétido burbujeo de dónde sale? Estamos en el infierno. Esto es el maldito infierno», sentencia.

El oficial Kinder, responsable de la seguridad del buque, reconoce que la tripulación solo piensa en escapar de esta zona infestada de «mortíferos seres flotantes» y que ha abandonado el objetivo de encontrar la Canica, una brillante perla de cristal de origen desconocido.

«La Canica no existe. Es un mito, una leyenda para niños. Nos creímos esta fábula absurda y ahora estamos atrapados en este infierno espumoso del que nunca saldremos con vida», lamenta el pirata Tinky Winky, que en sus años de esplendor era capaz de destrozar a un osito a cabezazos.

«Hemos reflotado el barco más de cinco veces en esta última travesía. Nuestros hombres están agotados. Y encima tenemos que cuidar de esa mujer», explica el pirata Pikachu refiriéndose a una Barbie sin piernas que robó el corazón del capitán y que, según los marineros, «consume nuestros víveres y no hace más que calentarnos la cabeza con sus incesantes lamentos».

El oficial Kinder recuerda con dolor la noche en la que tuvieron que devorar a un Fruiti para sobrevivir.

La esperanza de los piratas es volver a vislumbrar el faro guía que les indicaba el camino de vuelta a casa. Sin embargo, este faro tardará en encenderse de nuevo porque el Gusiluz se ha quedado sin pilas.

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