La Asociación Americana de Bebés Científicos (G.U.G.Ú.) ha puesto la baba en el cielo esta semana, harta de encontrarse con “obstáculos administrativos y trabas logísticas de todo tipo” al tratar de descubrir qué ocurre cuando se meten los dedos en un enchufe.

La pequeña entidad apunta a “oscuros intereses de las grandes corporaciones hidroeléctricas” y subraya que “las continuas cortapisas a nuestras investigaciones no hacen más que acrecentar nuestro interés por el tema”.

Los bebés estudiosos aseguran que, en muchos casos, los enchufes aparecen “misteriosamente tapados por piezas de plástico” y argumentan que “estos incidentes no pueden ser casuales ni fruto de actos vandálicos”. La asociación apunta más bien a “un plan estratégico de tintes mafiosos para tapar algo que no se quiere que se sepa”.

Por si esto fuera poco, los investigadores han tenido que suspender varios proyectos relacionados con la resistencia craneal al encontrar los cantos de las mesas camuflados con más piezas de plástico. El departamento de química bebé también denuncia que numerosos botes llenos de “sustancias de interés científico” están situados deliberadamente fuera de su alcance.

Todos estos inconvenientes provocan, según la asociación, que la ciencia “aún esté en pañales”.

Con el fin de exigir “más facilidades para el avance del conocimiento de los bebés” y defender “la importancia de la exploración del desconocido mundo adulto”, la asociación convocará concentraciones este fin de semana en las principales ciudades del mundo, en las que se arrojarán chupetes al suelo en señal de protesta.

La entidad también ha pedido “un minuto de gritos insoportables” para apoyar la labor heroica de los niños que arriesgaron su vida por el bien de la ciencia y fueron azotados en el culo y castigados sin postre.