Embadurnándolo de mostaza y ketchup para que “pase mejor”, Jacinto Martínez, un gordo de 53 años, ha decidido insertar un balón gástrico en su estómago acompañándolo de unas patatas y “un buen vinito de Rueda”, según han informado fuentes cercanas al restaurante “Brasería Las Solsitas”, donde ha tenido lugar la intervención, que ha durado quince minutos y se ha desarrollado sin complicaciones.

La decisión de someterse a un tratamiento de adelgazamiento mediante un balón de silicona suave la tomó el mismo Martínez después de que sus médicos le aconsejaran perder peso. “Y yo no me meto nada en el estómago si no es en condiciones, con su vinito y su pan y su guarnición y su salsa y su postre”, ha declarado justo antes de devorar a dentelladas la prótesis gástrica.

El balón intragástrico está generalmente formado por un material suave y expansible que se introduce en el estómago a través de la boca sin necesidad de cirugía y bajo sedación. No obstante, Martínez ha optado por no ser anestesiado y devorarlo él mismo. Sus doctores, tal y como han informado éstos a la prensa, le han alertado de que podía poner en riesgo su efectividad. “Pero el tío lo ha engullido de un bocado sin masticarlo ni nada, así que supongo que le servirá igual”, ha declarado el médico que ha vigilado la operación.

Según se ha informado, la adaptación del balón puede conllevar vómitos, náuseas y dolores; no obstante, Martínez ha declarado sentirse bien “porque tengo un estómago a prueba de cañonazos y balones y codillos y lo que sea”. Al cierre de la edición, las mismas fuentes han informado que el gordo, aún con hambre, ha solicitado repetir de balón gástrico.