Tras sufrir una fuerte caída de visitantes entre enero y junio de este año, 400.000 menos que en el mismo período del año anterior, el parque de atracciones que Disney inauguró en París en 1992 ha sido sometido a un cambio de imagen y de estrategia.

A partir de ahora, Disneyland París será un parque de atracones pensado para niños que disfrutan con la comida, pues eran los únicos que seguían acudiendo al recinto. Rebautizado como Disneyfat París, el complejo de ocio infantil cuenta ahora con la montaña de ensaladilla rusa más grande de la historia y una piscina de albóndigas de tamaño olímpico.

Los niños pueden acribillar a la reina de Frozen con grasientos bollos de crema

“En mi familia practicamos la gordura y siempre hemos querido educar a nuestro hijo para que sea un puto gordo. Los cánones actuales de belleza que difundían las princesitas Disney no ayudaban. A mi hijo le hemos comprado muñecas Barbie para luego rebozarlas y freírlas en aceite”, explica el padre de Ricard, uno de los primeros niños de estética fatibomba que ha podido disfrutar de las nuevas instalaciones. “Está encantado y, por primera vez, Pluto le cae bien porque el obeso mórbido que hay bajo el disfraz es muy simpático”, explica el padre.

De momento, las ofertas más solicitadas son el tiovivo con tazas gigantes de sirope, las carrozas de postres o el menú degustación del terror. También hace babear a los niños la figura comestible de Pumba de diez metros de altura por cincuenta de ancho.

“Llevamos dos horas haciendo cola para tirar bollos de crema a la cara de la reina Elsa de Frozen”, confiesan los padres de Ricard. “Que se joda la anoréxica de los cojones”, añaden.

Con el nuevo Disneyfat París, la compañía americana espera engordar sus resultados y aspira a convertir el innovador parque de atracones en “un mundo real en el que todo es posible, incluso engordar treinta kilos en media hora”.