Luis Cáñaba, recién licenciado en Publicidad y Relaciones Públicas, con un master en creatividad y dos cursos en escuelas de negocios, ha fallecido esta mañana tras sufrir una sobredosis de prestigio.

Solo comía los marrones que se tenía que tragar

El deceso ha tenido lugar en la agencia de publicidad en la que el joven trabajaba sin ser remunerado. “Entró tras un proceso de selección muy duro y le dijeron que no le pagarían pero que a cambio podría poner en el curriculum que había trabajado con nosotros, lo cual le daría prestigio”, explica uno de sus compañeros.

La agencia cumplió lo prometido hasta el punto de que el becario no ha podido soportar el grado tan alto de reconocimiento profesional que había alcanzado.

“No se alimentaba correctamente porque solo tragaba marrones”, informa otro becario.

“Vivía del aire. Del aire juvenil y desenfadado que hemos logrado darle a la agencia con la incorporación de chavales como él, con motivación y ganas de comerse el mundo”, declara su superior, que dice sentirse “abatido por la pérdida pero al mismo tiempo excitado por el reto que supone una muerte, ¿sabes? Porque cuando pierdes algo, una cuenta, un becario, lo que sea, pues fuerzas a tus neuronas para que se pongan a currar, ¿sabes? Para que la cosa empiece a fluir de alguna manera y encuentres nuevos caminos, nuevas soluciones, tierra virgen… lo inexplorado. ¿Has visto mi monopatín? Pues es un poco la metáfora de esto que te estoy diciendo”.

El cuerpo del becario será enterrado por otros becarios en la sala de juntas, aprovechando la pausa para el café. “Estamos buscando patrocinador para el entierro porque tíos, no hay pasta”, ha precisado el director de cuentas de la agencia.