“Deja que se te acerque, solo quiere olerte”, insiste el dueño de un tiburón blanco de más de cinco metros de longitud que no entiende la agitación de los vecinos de la localidad de Santa Bárbara, inquietos por la presencia del animal.

“Mueve la cola porque está contento”, añade este aficionado a los tiburones que adoptó a “Colmillo blanco” hace un año y medio porque nadie le quería. “A la gente le hacen gracia cuando son pequeños pero luego, cuando se hacen tan grandes, los abandonan”, argumenta.

Está nervioso porque quiere jugar

Dotado de tres mil dientes de siete centímetros cada uno, el tiburón se alimenta de focas y lobos marinos que su dueño le proporciona. “Necesita hacer mucho ejercicio el campeón”, explica su cuidador, a quien le falta la pierna izquierda y usa una prótesis “porque un día estábamos jugando, me despisté y me mordió. Pero siempre muerden para avisar, no para hacer daño”, declara.

Consciente de que la raza del animal se considera peligrosa, este amante de los tiburones pretende mejorar la imagen de su mascota logrando que la gente le pierda el miedo. “Hace compañía y te alegra la vida”, asegura. Admite que “cuando son pequeños tienen tendencia a morder porque es su manera de explorar” pero matiza que “esto no quita que sean muy buenos”.

“De verdad que no hace nada. Si tú no le haces nada, él no te hace nada. Si corres te persigue, claro, pero porque cree que estás jugando con él”, reitera.

Sin negar que haya habido numerosos accidentes y muertes de bañistas por el ataque de tiburones, el dueño de “Colmillo blanco” considera que “si te pones a mirar en Internet, vas a encontrar de todo pero no solo con tiburones sino con cualquier otro animal. ¿Por qué? Pues porque es verdad que algunos están en estado salvaje, son callejeros. Si lo entrenas de pequeñito, de verdad que luego es un amor”.

“Es que te pones a comer y se te queda mirando para que le des algo, ¿ves? Empieza a nadar en círculos, se las sabe todas”, dice.

Dolores Parmalat, portavoz en España de la protectora de animales PETA, confirma que “el tiburón blanco es un animal muy noble que, como cualquier ser vivo inteligente, se contagia del estado de ánimo de sus dueños. Y si el dueño está tenso y es agresivo, él también lo será”.

“Yo creo que el tiburón blanco puede ser también el mejor amigo del hombre. Igual no un amigo de esos con los que quedas cada día, pero sí para verlo de vez en cuando”, sostiene el propietario de “Colmillo blanco”. También explica que su hijo perdió la cabeza con el animal “y llegaron a ser inseparables”.

“Es como un miembro más de la familia. Lo único es que hay que tener mucha mano con ellos”, concluye.