conquistasReconociendo que tantos años en el trono le han vuelto “blando” y que ha olvidado que su lugar está en el campo de batalla, el rey Juan Carlos I anunciaba esta mañana que abdicaba para partir en busca “de las aventuras y las grandes gestas propias de un Rey”, prometiendo volver en unos años “con baúles llenos de oro y nuevas tierras que podamos anexionar al reino en un momento de grave situación económica”.

“He vivido de espaldas a mis obligaciones como monarca pero el miedo hiere más que las espadas y eso ha terminado: un rey no debe morir en un despacho sino en el barro, junto a sus hombres, blandiendo su espada”, ha explicado a la nación en una comparecencia pública.

“Todavía corre sangre por mis venas y voto a Dios que antes de que una sola gota de ella abandone mi cuerpo habré regado campos con la sangre de nuestros enemigos”, ha añadido.

Diversas fuentes han informado de que, minutos más tarde, ha preguntado a sus asesores por “nuestros enemigos actuales” y ha mostrado interés por la localización exacta del imperio austrohúngaro y “el valor aproximado de las joyas de la reina de Inglaterra”.

“Iré hacia el este, a por el oro de Oriente, salaremos sus cosechas a nuestro paso”, ha concluido.

El Rey ha pasado las últimas horas de la tarde valorando si debía volver a empuñar “la Caudilla”, su viejo mandoble, o bien era preferible encargar a un herrero que sacara filo a sus dos muletas para “efectuar en el campo de batalla un mortal molinete degollacabezas”.

Fuentes del Palacio de la Zarzuela han informado, no obstante, de que el monarca finalmente optará por llevarse al frente a “Poderoso”, su rifle semiautomático.

“Avisa a los hombres, partiremos al amanecer”, ha comunicado a un asustado Mariano Rajoy, a quien ha pedido que cabalgue a su lado.

A última hora de la mañana, el Rey ha pedido a su mayordomo que baje a las cuadras de la Zarzuela a comprobar en qué estado se encuentra su caballo de guerra, al que no visita desde 1973.