“No me fío de las máquinas. Solo creo en la ley”. Con estas palabras se defendía ayer Rosendo Coplas, el agente de la Guardia Civil que fue sorprendido besando en la boca a un conductor al que, supuestamente, estaba midiendo el nivel de alcohol en sangre.

Según confirman los compañeros del agente, Coplas llevaba muchos meses besando a los automovilistas en sus controles rutinarios “y lo hacía con total normalidad, sin tintes eróticos, muy profesional todo”, precisan. Todos coinciden, además, en que sus mediciones son “extremadamente precisas”.

El sistema se prohibió porque da falsos negativos

“Yo soy la autoridad. No puedo delegar en un aparato el cumplimiento de las normas. Y sé perfectamente si alguien ha bebido o no. También puedo ponerle números. Yo te beso y, si has bebido, te digo: ‘Cuarenta y tres’. Tú le has dado al licor cuarenta y tres. Morreo y pa’l cuartelillo”, argumenta el guardia civil.

Sergio Roca, empresario de Cervera, asegura que ha besado en la boca a don Rosendo “cinco veces en menos de tres semanas, porque siempre hago la misma ruta”. Nunca ha dado positivo “y eso que me pongo nervioso con cada beso como si fuera el primero”.

Roca defiende el sistema del agente, con quien ha entablado amistad “porque el roce hace el cariño”. Pero la profesionalidad de Coplas es tal que ni siquiera la complicidad con este conductor le exime de realizar los controles. “Precisamente por ser amigo me somete a una estricta vigilancia. No quiere que me relaje y a mí no me molesta, me parece bien”, apunta Roca.

La benemérita ha sancionado a Coplas por actuar al margen de la normativa y le prohibirá seguir besando a la gente “porque está demostrado que este sistema da falsos negativos y el propio agente puede acabar borracho de amor”.