En la esquina inferior izquierda de un armario Hensvik de Ikea ubicado en un piso de estudiantes de Tarragona, metidas dentro de una bolsa de plástico de Marypaz y bajo una montaña de jerséis hechos un ovillo, se escondían unas sandalias que datan de 1997 y que se cree que podrían pertenecer a la colección “Party Classic” de Mango, probablemente del periodo primavera-verano “y de cuando Mango era Mango y no esto que hacen ahora”, según expertos arqueólogos.

Andrea Suriol, estudiante de primero de Arqueología, ha sido quien ha encontrado hoy, mientras ordenaba su habitación, estas piezas de incalculable valor. Incalculable porque el tíquet de compra se ha borrado por completo con el paso del tiempo.

Las sandalias, con reminiscencias egipcias, conservan aún las tiras de cuero marrón casi intactas y muestran sofisticados detalles ornamentales que dan pistas sobre el calzado que lucían los españoles a finales del siglo veinte, en plena década de los noventa.

Un primer análisis morfológico ha revelado que en las suelas de las sandalias aún hay restos de polvo y barro de la época que podrían dar más pistas sobre el uso que se les dio y las regiones que recorrieron. Un equipo de expertos procedente de varios puntos de España se ha desplazado a la zona para analizar con detenimiento todos estos detalles.

“No sabía que las tenía, la verdad. No recuerdo habérmelas puesto nunca”, explica la joven, cuyos escasos conocimientos sobre la disciplina que está estudiando han sido suficientes para que se percatara de que estaba ante un descubrimiento de interés.

“Es aquello que las ves y las tiras sin siquiera sacarlas de la bolsa de plástico porque sabes que no te las vas a poner si no te las has puesto en todo este tiempo. Pero en el último momento he pensado: ‘Joder, yo creo que me las regaló Álex cuando salíamos, pero no estoy nada segura’. Las dudas me han obligado a prestar atención a las sandalias y me he dado cuenta de que Mango ya no vende estas cosas. Seguro que ni siquiera las encuentras en eBay. Y es cuando he decidido avisar a mis colegas, porque esto es pieza de museo, ¿que no?”, relata Suriol.

Este mismo piso de estudiantes ya despertó la atención de la comunidad científica hace siete meses, cuando en el congelador se halló un ejemplar caducado de “Winner Taco”, ese helado de Frigo que estaba de la hostia y que no sé por qué cojones retiraron del mercado.