Juanjo Rodril, gaditano de 53 años, acompañó esta mañana a su esposa Lola al ginecólogo y, tras la visita, fue informado de que su pareja sentimental es en realidad un perro de la raza rottweiler.

“Eso explica el mal humor pero no el odio que le tiene a mi madre”, declara el marido, que estaba convencido de que convivía con una mujer “porque, al haber estado solo con una, tampoco puedes comparar”.

“Nunca le gustó maquillarse”, revela el esposo

Ahora, gracias a la información que le ha dado el ginecólogo, Rodril ha podido atar cabos. “Normal que le guste tanto la carne roja y normal que esté todo el día de malas pulgas, gruñendo”, dice, al tiempo que se arrepiente de haberse gastado cien mil pesetas en un anillo de compromiso “que se comió a los cinco minutos, creyendo yo en ese momento que lo hacía llevada por la pasión”.

“Se queja todo el día de que no salimos nunca y se planta frente a la puerta de casa enfurruñada. Ahora sé que lo hace porque a esos perros hay que sacarlos tres veces al día. La mujer de mi primo Jose le hace lo mismo y es funcionaria en Sanlúcar”, añade.

El esposo insiste en quitar hierro al hecho de que su mujer no sea un ser humano. Reconoce que, “ahora que resulta que es un perro, me gustaría que fuera mi mejor amigo. Pero son tantos años ya, tantas peleas… no la recuerdo feliz”.

“Lo de pagar la Seguridad Social se acabó”, sentencia Juanjo, pero aclara que el descubrimiento no provocará cambios en la relación. “Que sea de una raza peligrosa quiere decir que no le cambiará el carácter ni siquiera siendo yo más detallista. Pero bueno, yo también tengo mis cosas y mi madre siempre me decía que soy muy perro”, declara.

Después del susto, Juanjo Rodril planea organizar una escapada romántica con el rottweiler. “Me arreglaré y la llevaré a la playa con la furgo. Le encanta mear en alta mar. Lo que no sé es si ponerme la camisa roja de seda ahora que sé que me ve en blanco y negro. Igual no hace falta. Bueno, acabaré haciendo lo que diga ella, como siempre”, explica.