Francisco José Lorenzo, conserje en una residencia de estudiantes de Badajoz, ha cedido su cuerpo a la marca Calvin Klein, que le pagará 20.000 euros por anunciarse en la goma de sus calzoncillos durante un año.

“Lo hago por el dinero y espero que la gente no se ría de mí cuando vea que mi huevada es como una valla publicitaria”, apunta este ciudadano. “Querían que se oyera una voz sensual diciendo ‘Calvin Klein’ cada vez que me recolocara el paquete, por por ahí sí que no paso”, añade.

“No me dejan darles la vuelta cuando están sucios”, dice

La firma estadounidense hará la misma oferta a otros muchos candidatos, todos ellos de constitución fuerte porque “nos interesa que la goma se vea cada vez que se agachan, y cuanto más grande sea el culo mejor se verá la marca”, argumenta un portavoz de la empresa.

“Han traspasado la barrera de la intimidad y pronto las calles se llenarán de gente con logotipos comerciales en la camiseta. Y, si no, al tiempo”, lamenta Andrés Farraz, del Observatorio de la Publicidad.

Otros, sin embargo, quitan hierro a la iniciativa. “Yo llevo dos años saliendo a la calle con un cartel de ‘Compro oro’ y lo hago porque me mola el estilo, la frase tiene gancho. Nadie me paga un duro pero me siento identificado con la estética”, admite un madrileño que goza luciendo su atuendo de moda en la Puerta del Sol.

“A mí Vodafone me paga 20 euros al mes porque he aceptado cambiarme el nombre. Antes me llamaba Soledad Jiménez y ahora me llamo Sol Vodafone. La verdad es que me da un poco igual porque mis amigas me siguen llamando Sole”, explica otra mujer anuncio.

A última hora de la mañana, Tampax ha comunicado su intención de incluir su logotipo en los tampones que comercializa “aunque sabemos que lo verá poquita gente”.