Tras decir a media comida que “el pan no engorda, eres tú quien engorda cuando te lo comes”, Víctor Rojas ha dejado de ser oficialmente el tipo gracioso de la oficina para convertirse simplemente en el tipo pesado de la oficina.

La decisión de relegar a este empleado la ha tomado el director de Recursos Humanos este mediodía y de manera irrevocable. “Lleva cuatro semanas aquí y al principio cayó muy bien y sus comentarios humorísticos eran frescos y divertidos. Pero al final nos hemos dado cuenta de que tiene un elenco limitado de chistes que va repitiendo hasta el punto de que estamos todos un poco hartos”, argumenta el director.

Su elenco de chistes es limitado y lo va repitiendo

“Ha traspasado la sutil barrera que separa a los que son graciosos de los que se hacen los graciosos”, lamenta Marisa de contabilidad, que anima a sus colegas “a no reírle más los chistes porque se crece y es peor”.

Por su parte, Ismael, el jefe de mantenimiento, ha recordado que él ya dijo que Víctor era “un gilipollas y un matao” cuando le vio entrar por la puerta el primer día, aunque dicha apreciación se atribuyó al hecho de que entonces Ismael era el gracioso oficial de la empresa.

Respecto a Cristina de recepción, sigue pendiente la solicitud para que pase de ser zorra a putón verbenero. “A fecha de hoy, según nuestros registros, Cris sigue siendo el pibón de la empresa y no hay órdenes de arriba para que esto cambie digan lo que digan las chicas”, ha aclarado Recursos Humanos en una circular interna.

Hace escasos minutos, Documentación ha enviado un correo electrónico a toda la plantilla en el que detalla el elenco de chistes que Víctor ha estado repitiendo hasta la saciedad:

– Contestar a las llamadas internas diciendo “¿Digamelón?”.
– “Lavaste el coche ayer, ¿no? Porque mira cómo llueve”.
– “¿Y este sobre que me llevas? ¿Va para Génova o qué?”.
– “¡Qué pronto llegas! Ya sabes que el que madruga… lo encuentra todo cerrado”.
– “No sé si cortarme las venas o dejármelas largas”.
– “El sentido común es el menos común de los sentidos”.
– “La esclavitud no se abolió, se cambió a ocho horas diarias”.
– Despedirse diciendo “Hasta luego, Lucas”.