Cruz Roja ha decidido cambiar el método que emplea para la captación de donaciones de sangre a través de unidades móviles en la vía pública.

Con el fin de ganar tiempo, los autobuses de recogida dejarán de esperar a los voluntarios en un enclave fijo y se desplazarán a gran velocidad por las calles del territorio nacional atropellando a los donantes y recogiendo luego su sangre con una fregona.

“No es justo que tenga que ser el voluntario quien vaya a nosotros. Encima que te hace el favor, qué menos que ir tú a buscar al donante donde quiera que esté”, ha explicado un portavoz de la entidad.

Sobre la posibilidad de que la unidad móvil atropelle a un ciudadano que no quiera donar sangre, Cruz Roja admite que “no concebimos esa opción porque entendemos que nadie se va a oponer a realizar un gesto tan bonito para quien más lo necesita”.

Uno de los primeros donantes que ha recibido la visita improvisada del autobús y ha sobrevivido a la donación declara que “al principio se te ponen los ojos a cuadros cuando ves que van a por ti. Soy un poco aprensivo y el tema de los autobuses que te arrollan lo llevo mal. Pero, qué coño, luego sientes que estás ayudando y encima te tiran un bocata de fuagrás por la ventanilla”.

Otro, sin embargo, se queja de que “a mí me han atropellado dos veces porque iban dando vueltas y, como en la primera donación perdí una pierna, no pude apartarme a tiempo. Deberían marcarnos a los que ya hemos donado para no repetir”.

En general, la sensación de los donantes es que “pasa todo tan rápido que ni te enteras” y, de hecho, muchos se quedan con la sensación de no haber donado suficiente sangre.

“Deberían poner pinchos en la carrocería porque a mí me han pasado por encima pero apenas he sangrado”, sugiere uno de los voluntarios.