Pese a que su modelo de teléfono fue puesto a la venta en julio de 2018, Juanjo Lozano, contable alicantino de 48 años, sigue refiriéndose a él como “el nuevo iPhone 3”.

Lozano insiste, además, en que el aparato es “un maquinón”, destacando sus múltiples prestaciones aunque éstas ya han sido ampliamente superadas por los modelos posteriores.

“Lo que más rabia da es que le enseñas el iPhone y te dice ‘Anda, tienes el nuevo iPhone 3 como yo’. No sé si se hace el tonto o realmente es incapaz de ver las diferencias”, comenta un colega de su departamento.

El contable sigue disfrutando como el primer día cuando se le brinda la oportunidad de hablar del “nuevo iPhone 3 ese que han sacado y que yo tengo”. Lleva años describiéndolo como “un ordenador en pequeño pero sin teclado, porque se maneja así con los dedos”.

Por las noches lo guarda en la caja original

Lozano gusta asimismo de hacer demostraciones, deslizando sus dedos por la pantalla del móvil e ignorando que a estas alturas todo el mundo está acostumbrado a manejar pantallas táctiles.

“Es caro y crees que tiene demasiadas cosas que no vas a usar. Y es verdad que no lo usas todo, pero te facilita la vida. De verdad que es otro mundo”, añade el contable, como si quisiera convencer a sus compañeros, que tienen móviles de última generación mejores que el suyo, de que “lo de los teléfonos inteligentes no es el futuro sino el presente”.

El contable dispuso esta úlltima semana un “lecho de post-its” en su escritorio para que su “nuevo iPhone 3” reposara encima de él sin rozar la superficie de la mesa, evitando de este modo que sufriera arañazos en la carcasa.

Cada cierto tiempo, además, sopla en dirección al dispositivo para eliminar posibles motas de polvo. “A veces, cuando soplo, se me escapa una gotita de saliva y entonces la hemos liado”, comenta con una sonrisa traviesa.

“Parece magia potagia”, vuelve a insistir, y lo demuestra en ocasiones mandando un único mensaje SMS a distintos receptores “con solo dos clics”. También asegura que “puedes cambiarle la foto del fondo”, aunque reconoce que aún no ha aprendido a hacerlo.

No sin cierta ironía, el jefe de Juanjo Lozano describe al contable como “un entusiasta de las nuevas tecnologías” y apunta que el empleado “es de esas personas que nunca se quejan”. El trabajador sigue cobrando lo mismo que en 1996 “pero las cosas le van bien”, en palabras de su superior, “y la prueba es que tiene un móvil que es para verlo”.

Lozano ha confesado a última hora de la mañana que a veces pide prestado el teléfono de un compañero para llamarse a sí mismo y oír cómo suena el timbre de su “nuevo iPhone 3”.

“Un día me pidió que le enseñara a usar mi iPad Air porque quería enviarse un correo electrónico para luego intentar leerlo desde su nuevo iPhone 3. La tableta no le impresionó lo más mínimo. Se limitó a decir que era una pena que no pudieras metértela en el bolsillo como sí puede hacerse con su nuevo iPhone 3”, declara un amigo del contable.

Fuentes marxistas aseguran que el trabajador “está totalmente alienado” y creen que, cuando tome contacto con la realidad, “la revelación del carácter obsoleto de su fetichismo de la mercancía echará por tierra la fantasmagoría capitalista en la que vive inmerso”.