Se acerca la Semana Santa y a todos nos invaden sentimientos cristianos, como amar al prójimo o pedir a un pobre pastor que sacrifique a su hijo y, cuando está a punto de hacerlo, decirle que no, que era una broma, y crear un trauma al chaval, proyectando sus rencores a sus futuros hijos de la misma manera en que su padre lo hizo con él.

No hace falta irse a Tierra Santa o al Vaticano para sentirse cerca de Jesús. Poca gente sabe que el hijo de Dios hizo un Interraíl en Hispania cuando tenía 19 años. Con su mochila a cuestas recorrió la Península Ibérica, dejando multitud de anécdotas que el editor de la Biblia eliminó en su primer borrador, asentando así las bases del ninguneo internacional hacia España.

Te proponemos una ruta siguiendo los pasos de Jesús por nuestro país.

A Pousada de Ronha

Esta pequeña aldea compostelana fue la elegida por Jesucristo como campamento base para visitar Galicia (conocida como Percebis Paradisum en la época). El Hijo de Dios se hizo muy popular entre los jóvenes de A Pousada Da Ronha gracias a su habilidad de convertir el agua en vino. En la parroquia de esta localidad se halla un fresco que recuerda a la Última Cena, en el que el joven Mesías insiste en pagar la cuenta, titulado “¿Qué pasa? ¿Que mi dinero no vale?”.

Villanueva de Achopijo

Pocos conocen esta localidad murciana, que es un enclave primordial para comprender la figura de Cristo. Fue en Murcia (Horribilis Maximum, según su nomenclatura latina) cuando el entrañable Salvador tuvo su primera y única crisis de fe. Al ver la zona, Jesús pronunció su famoso silogismo: “Mi padre es el creador de todo; mi padre también creó Murcia; luego, no es tan bondadoso como creía”. En un acto de rebeldía, el Mesías se prometió no volver a hojear su copia de El Antiguo Testamento. A día de hoy, los murcianos rememoran este episodio no leyendo un libro en su vida.

Pantumaca de Dalt

Hasta que Jesús no llegó a esta población a tocar de Barcelona (Pijus Gafapastus) era un adolescente con granos, tirando a feo. Para mimetizarse con sus habitantes, adoptó su look “hipster” que ya jamás abandonaría: barba de tres días, sandalias caras y ese tono de superioridad al hablar tan característico de la Ciudad Condal. Además, montó una “startup”, convirtiéndose en el primer emprendedor de la historia. Su negocio más lucrativo fue el sistema operativo ChristOS para las tablets de Moisés.

Arsapisha de la Frontera

La aventura hispana de Jesucristo finalizó en este precioso pueblecito de pescadores de Huelva (Siestum Perpetuum). Desgraciadamente, unos textos apócrifos de un tal San Kevin (a los que nunca se les dio demasiada credibilidad) indican que su idilio con la Península Ibérica murió de manera súbita en Arsapisha de la Frontera. Quizá por inconsciencia, quizá por ignorancia, Cristo Rey decidió cruzar el Guadiana y adentrarse en territorio portugués. Allí vivió el horror encarnado en terribles criaturas peludas (los portugueses se refieren a estos monstruos como “mulheres autóctonash”). El Salvador volvió a Jerusalén convencido de que el infierno existía, y así lo dictó a sus discípulos en el Apocalipsis.

Su huida fue tan precipitada que no pudo visitar Madrid (Bocatus Calamarii), ciudad donde se le esperaba fervientemente. De esa espera interminable nació la bonita tradición de postularse para unos Juegos Olímpicos que, como El Mesías, nunca llegan.