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Pasa la Navidad en un país pobre

DISFRUTA DE UN FRÍO Y DE UNA MISERIA INOLVIDABLES

Turrón, calefacción, seres queridos… olvida estos lujos occidentales por unos días y pasa una Navidad diferente gracias a las propuestas que te traemos. Sumérgete en las costumbres de pueblos cuyo PIB es similar a lo que puedes encontrar entre los cojines de tu sofá, enfúndate tu chaleco antibalas y… ¡A presumir de esperanza de vida!

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Pepsigrado

Poca gente sabe que, durante la época comunista en Rusia, un pueblecito al pie de los Urales desafió al resto del país y adoptó el consumismo como modelo económico. Una conocida marca de bebidas les ofreció un dineral por modificar su nombre: Eristoff, que en un dudoso movimiento de marketing puso «Pepsi» en el nombre del pueblo.

Irónicamente, Pepsigrado vivió entre 20 y 40 minutos de bonanza económica, el tiempo que tardó el régimen comunista en desplazar sus tanques hasta allí y matar al 91% de la población. Cada 25 de diciembre se conmemora este duro capítulo persiguiendo al turista con bates de béisbol y robándole todo el dinero, como una (muy poco elaborada) metáfora de que el dinero no es importante.

Consejo para el viajero: se recomienda no ofrecer resistencia y llevar dinero de verdad. Por muy buena idea que parezca ir cargado con monedas de chocolate, los habitantes de Pepsigrado prefieren el vil metal a una nutrición variada.

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Päjøte

Si el viajero prefiere algo más tranquilo y menos arriesgado, sin duda debe ir a Päjøte, en la zona más deprimida de Bielorrusia. Considerado el pueblo más barato de Europa, entre sus habitantes se cuentan numerosas personalidades que en su día fueron ricas y no quieren admitir que ahora son pobres. Si bien su alcalde El De La Barba de ABBA (nadie recuerda su nombre, ni siquiera él… Pobre viejo borracho) niega que esto sea así, lo cierto es que en Päjøte todo es fachada. No se deje intimidar por los carteles de Svarowsky o Chanel que encontrará por todo el pueblo. Entre en cualquiera de estos locales para descubrir que, en realidad, son comedores sociales, regentados por Sergi Arola.

La joya de la corona es su parque temático navideño. Por algún motivo, Päjøte asegura que Santa Claus nació allí. Conscientes de que ése es su mayor atractivo turístico, pero también de que perdieron la dignidad hace años, por apenas un puñado de céntimos el viajero podrá dar patadas en las rodillas a los renos, pellizcarle los pechos a Papá Noel mientras se imita el sonido de una bocina al grito de “¡Moqui, moqui!”, o tocar a los enanos de su taller con un palo.

Consejo para el viajero: es indispensable llevar una cámara de fotos e ir a la caza del famoso. Uno nunca sabe en qué contenedor va a estar rebuscando comida el pelirrojo de Farmacia de Guardia, o en qué cajero automático duerme ahora Fernandisco.

Hospitalet de Bucarest

¿Sabías que en Rumanía no existen cárceles, aparte del propio país en sí? Los delincuentes son enviados a una ciudad (o a España), donde se les deja a su suerte. Esta bellísima población es Hospitalet de Bucarest, la ciudad más poblada de todo el país, con un índice de delincuentes per cápita similar al del litoral valenciano.

Cada Navidad se lleva a cabo una versión libre del nacimiento de Jesús interpretada por delincuentes con inquietudes artísticas (de hecho, Willy Toledo inició su carrera allí). Es especialmente emotiva la parte en que los tres Reyes Magos hacen sus particulares ofrendas al niño Jesús: oro, una minicadena «que se ha caído de un camión» y tu cartera.

Consejo para el viajero: no se esfuerce en preguntar qué simboliza la escena en que María da a luz y, antes de alumbrar al Salvador, le extraen entre 25 y 49 misteriosas bolitas envueltas en papel de plata. Muchos teólogos lo han investigado y solo les ha provocado quebraderos de cabeza. Literales.