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Concluyen una autopsia certificando que el muerto era imbécil

PODRÍA HABER FALLECIDO DE LO GILIPOLLAS QUE ERA

Joaquín Salcedo, de 37 años, cuyo cadáver fue hallado el pasado viernes en las afueras de la discoteca “Chanchullo’s” de Madrid, habría muerto “probablemente por imbécil”, según se ha podido determinar en la autopsia que se le realizó ayer.

El médico forense Gabriel Salaz, del Hospital Gregorio Marañón, ha ofrecido estos datos esta mañana a los periodistas, atribuyendo la muerte no a una causa sino a varias: los traumatismos de una posible paliza, varios navajazos, la ingestión de drogas «y ser absolutamente gilipollas”. Ni siquiera puede determinarse cuál de ellas tuvo mayor peso en el fallecimiento porque hacerlo “es imposible, desde un punto de vista científico”.

«Al cortar unos tendones, el cadáver ha levantado el brazo soltando una colleja al doctor Salvadó y dándonos un susto de muerte, el muy gilipollas”, ha señalado el doctor.

El informe presentado, al que se le ha adjuntado la grabación de voz de los forenses analizando el cadáver, pone el acento en lo “absolutamente imbécil” que era el fallecido. El documento valora que la paliza podría habérsela buscado él mismo, intentando «hacerse el chulo» de alguna manera y desencadenando múltiples golpes que le ocasionaron “un fallo multiorgánico de lo profundamente subnormal que era”.

Se han encontrado restos de un gintónic con pepino en su estómago

La conclusión del informe no se basa únicamente en valoraciones previas (la cadena de testigos ya informó al Samur y a la policía de que el fallecido era imbécil) sino también en la historia clínica y los resultados de la autopsia en sí. En la grabación forense puede escucharse cómo el doctor Gabriel Salaz describe la vestimenta del fallecido como “una desafortunada combinación de Abercrombie y Desigual probablemente adquirida en un Outlet”.

“A nivel exterior vemos también que tiene varios tatuajes… en concreto dos tribales y uno en el que pone ‘Yoli’, una muchacha de la que solo podemos sentir compasión”, puede oírse decir a los forenses.

«En su estómago encontramos comida a medio digerir procedente de algún gastrobar de Malasaña. También hay restos de gintónic premium del que… sí, aparentemente el muy cretino llegó a comerse hasta la rodaja del pepino del combinado”, dicen los médicos algunos minutos más tarde. “Posiblemente se quedó con hambre en el gastrobar”, añaden.

Al cierre de la edición, fuentes cercanas al departamento forense del Gregorio Marañón han informado que los dos doctores que practicaron la autopsia al cadáver han estado propinándole patadas en los riñones durante media hora, hasta que los tejidos de éste han cedido esparciendo restos orgánicos por todo el laboratorio y obligando a los médicos a limpiar el suelo de las entrañas del muy gilipollas.

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