Denunciando que “en los 100 metros alrededor de la churrería no volverá a crecer vida en 500 años”, la organización ecologista Greenpeace ha acusado a los hermanos Moya, propietarios de la churrería “Hermanos Moya” de Barcelona, de ser la principal amenaza medioambiental del siglo XXI. La ONG advierte de que el aceite de la churrería ya se habría filtrado al subsuelo “y las emisiones de fritanga se han extendido a la atmósfera de toda Europa”.

En su informe “Un churro de atmósfera”, plagado de fotografías de palomas recubiertas de fritanga, Greenpeace revela que “Churrería Hermanos Moya” se habría situado, este 2013, por delante de corporaciones y petroleras como Exxon Mobil o Monsanto. “Los vecinos de la zona conviven con un aire más irrespirable que el de Hong Kong”, se señala en el informe.

La contaminación liberada cada día en forma de humos de fritanga es 100 veces mayor que la padecida en Hiroshima y Nagasaki juntas, informa la organización. Solo el último año, los hermanos Moya habrían desechado 300.000 toneladas de aceite refrito y se habría reducido la expectativa de vida de los hombres residentes en el barrio en siete años. En el subsuelo, se encuentra aceite a un nivel 19 millones de veces más alto que el permitido.

“Es importante actuar ya para evitar un desastre mayor”, advierten desde la ONG. Sin embargo, fuentes cercanas a la churrería han advertido de que no solo no cesarán sus actividades sino que, a partir de ahora, volverán a abrir los sábados por la noche. “Porque mi chiquilla ya tiene edad de trabajar, así que la freidora va a estar funcionando en diversos turnos”, ha explicado Pere Moya, de “Churrería Hermanos Moya”.

Ya han nacido bebés con olor a fritanga

En los últimos meses saltó a la prensa el caso del primer bebé del barrio que nació con problemas, presuntamente debidos a la churrería. “Es evidente que es por la churrería, mi bebé huele a patatas panadera”, explicaba la angustiada madre a la prensa recientemente. “Nos acercamos a olerlo y nos da hambre”.

Por su parte, los hermanos Moya han respondido a las críticas de Greenpeace lanzando sus nuevos “churros ecofriendly” que, según han confesado, “son los mismos pero más ecológicos por algún motivo, en parte porque reaprovechamos churros viejos que volvemos a freír, por lo que gastamos menos recursos naturales”. También han ideado una campaña publicitaria para dar una imagen más “ecofriendly”.

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