El pasado enero, el ex primer ministro italiano Silvio Berlusconi confirmó oficialmente que se presentaría a las próximas elecciones italianas “con energías renovadas, con una mayor fortaleza como líder y con muchas novedades”. Promesas de cambio mucho más profundas de lo que sus adversarios políticos podían presagiar.

Ayer, en un acto de Forza Italia, Berlusconi entró en la sala con paso lento y vistiendo un exoesqueleto metálico que le proporciona una altura de casi dos metros y le permite levantar veinte veces su peso.

“He buscado a un líder conservador, pero no lo he encontrado”, declaró a los presentes mientras se oía algún grito de pánico ahogado. “Vuelvo a interesarme por la política por pura desesperación, porque Italia se encuentra al borde de un precipicio. Lo hago por responsabilidad”, aseveró Berlusconi mientras el público permanecía en silencio y solo se escuchaban los resortes de vapor de su coraza robotizada.

“Lo que necesita Italia es un líder capaz, conservador, poderoso y con una cadencia de fuego de hasta 100 disparos por segundo” prosiguió, ignorando el pavor general. “¿Italia ingobernable? No con esto” dijo justo antes de apuntar al techo con la ametralladora Gatling situada en la zona genital del traje metálico, disparando una larga ráfaga de hasta dos minutos.

“Si entráramos en guerra con Alemania, yo sería el escudo de Italia”

Berlusconi, de 76 años, aseguró haberse rodeado a lo largo de toda su trayectoria política de miembros de confianza “pero no como este, este es definitivo”, refiriéndose a la ametralladora de su entrepierna. “Mi experiencia y la potencia del exoesqueleto Robowarrior FX le darán a Italia la estabilidad que este país y los italianos necesitan”, prometió cerrando así su escueto discurso. Posteriormente, se alejó del estrado con pasos lentos y ruidosos de robot gigante.

Los italianos juzgarán en las elecciones generales del próximo abril si comparten con Berlusconi su proyecto de gobierno, del que no ha detallado un programa más allá de la ametralladora tipo Gatling instalada, al parecer con carácter permanente, en su zona genital y de sus poderosas piernas con una autonomía de 48 horas.