Mariano Rajoy y su equipo han querido preparar a fondo el Debate sobre el estado de la Nación, una cita clave en la que se repasarán las iniciativas y reformas más impopulares de los últimos 12 meses. Consciente de que el clima es tenso, Rajoy ha hecho su entrada en el Congreso de los Diputados con media hora de antelación y ha repartido velas aromáticas y barritas de incienso por todo el hemiciclo.

Todos vestirán holgadas túnicas

“Sus señorías dejarán su calzado en el exterior de las dependencias y vestirán ropa cómoda: unas túnicas holgadas del color de cada formación política”, ha explicado Jesús Posada, presidente del Congreso.

El entorno de Mariano Rajoy admite que el mandatario lleva días preocupado para que todo salga bien: “Él mismo aprovechó la tarde de ayer para comprar discos de música oriental con efectos calmantes en una tienda Natura y se llevó también un amuleto indio que ahuyenta los malos augurios”, ha declarado una fuente cercana al presidente.

Una ceremonia de purga, conciliación y catarsis

Los asistentes al debate recibirán una lista con instrucciones y recomendaciones: antes de iniciar la “ceremonia”, los participantes se darán las manos formando un círculo y respirarán muy hondo durante 15 minutos. Luego, cada uno de ellos escribirá en un papel un color, una textura y un olor que defina el estado actual de la Nación. Los papeles se depositarán en una vasija de cobre y se incinerarán.

Posteriormente, Mariano Rajoy animará a la oposición a escribir en una pizarra “aquellas cosas que os molestan del otro”. Luego, se analizarán los conceptos que más se repiten y se procederá a dialogar proactivamente, tratando de encontrar pistas en el lenguaje no verbal que hayan podido crear nudos de incomprensión en el fluir de la política española.

Acabada esta primera fase de puesta en común y diálogo transemocional, el jefe del Ejecutivo se situará en el centro del círculo Braumahl y, levantando la vara de roble del núcleo de poder Aimisha, hará balance de su primer año en La Moncloa.

El turno de la oposición vendrá una vez terminada la gran declamación Braumuhla, y Rajoy entrará en el profundo sueño reparador del poder Grailín mientras el resto de la clase política expone sus ideas para hacer frente a las adversidades que acechan la Nación, orquestadas por el demonio Abigor, principal invocador del paro en España.

Sus señorías abandonarán el Congreso ofreciendo abrazos gratis a la ciudadanía.