Un hombre se atrevió a pedir que cambiaran la botella de vino “Marqués de Monsanto” que minutos antes había pedido su cuñado Juan, tal y como éste último ha informado a la prensa. Sucedió al inicio de una comida familiar celebrada el pasado domingo en el restaurante italiano “Mario Pizza 2” de Barcelona con motivo del aniversario de la abuela Marisa, de 72 años.

Juan Guzmán, de 45, pidió un vino “Marqués de Monsanto” que, según él, es “más que correcto para lo que vale” pero fue su cuñado, y no él, quien procedió a catarlo después de que el camarero llenara media copa. “A mí me da mucho apuro catar el vino porque se crea una tensión innecesaria… como si alguien fuera capaz de rechazarlo o algo”, explica Juan. De modo que su cuñado se autopropuso para catarlo agarrando la copa con decisión.

Mientras lo probaba, se hizo un silencio que se prolongó una eternidad

“Jefe, ya lo pruebo yo, que aquí mi cuñado tiene el olfato atrofiado después de tantos años bebiéndose el café que le prepara mi hermana”, le dijo el cuñado de Juan al camarero. Tras sorber un poco de “Marqués de Monsanto”, introducir la nariz en la copa y contonearla repetidamente, hasta tres veces negó con la cabeza mientras toda la familia, incluida la yaya Marisa, permanecía en silencio mirándole con atención. Finalmente, rompiendo el silencio que se había formado en toda la mesa, pidió al camarero que trajera nuevamente la carta de vinos. “Es que no era muy allá, no me ha terminado de…”, dijo a modo de explicación.

“Me miró a los ojos en silencio, chasqueó la lengua y entonces, sin dejar de mirarme, le pidió al camarero la carta de vinos”, explica Juan, quien cree que el comportamiento de su cuñado es “una provocación en toda regla, porque ni siquiera echó un vistazo a la carta de vinos, solo quería coger otro simplemente para desacreditarme”.

“¿Cómo puede atreverse nadie a devolver un vino que te acaban de abrir? Lo de dar a probar el vino es un protocolo estúpido”, explicaba Juan a los periodistas a los que convocó ayer en una improvisada rueda de prensa en el salón de su casa. Llegó a reproducir para los periodistas “el gesto de autosuficiencia de mi cuñado probando el nuevo vino y diciéndome ‘¿Ves que la lágrima de este vino es más persistente? Los sulfitos de este son mejores'”.

Según declaran otros asistentes a la comida del domingo, el cuñado de Juan, usando el vino rechazado como “leitmotiv” recurrente, aprovechó toda la comida para hacer comentarios como “Pero Juan, cuñado, qué mal gusto tienes para todo, joder, a ver si aprendes. ¿Aún tienes ese coche o lo has cambiado ya oficialmente por una cafetera? ¡Pero ríete, coño!”.

El resto del almuerzo transcurrió con normalidad, según han informado fuentes cercanas tanto a la yaya Marisa como a Juan y su cuñado. No obstante, en el momento de pagar la cuenta, Juan tuvo que soportar a su cuñado diciendo que “para pagar no eres tan rápido como para beberte el vino que te he tenido que pedir yo, ¡matao!”.