Delincuentes de fina estampa

La Gran Dama de la canción latina ha encontrado en su nueva banda el arma más afilada para desgarrar la víscera del respetable. La descarnada voz de María Dolores Pradera y su sufrimiento hecho canto tienen ahora un correlato físico en el escenario, regado con sangre española. Atrás quedó su etapa más melódica junto a Los Sabandeños. Ahora, la furia de la madrileña sobrecoge sin concesiones y adereza con sus oscuros versos de dolor y desesperanza las brutales reyertas de una de las mayores organizaciones criminales de Latinoamérica.

La presencia de ambulancias en el exterior del teatro Coliseum ya nos advierte de que no estamos ante un recital al uso: a lo largo del concierto no hay que descartar asesinatos y accidentes coronarios. El público tampoco es el de siempre: burgueses de edad avanzada se aferran a sus monederos y procuran que los aficionados más jóvenes, de estética “latin”, puedan agenciarse los mejores asientos sin tener que recurrir a brutales navajazos. Una curiosa y posmoderna mezcla, reflejo del encuentro inevitable entre distintas culturas y generaciones.

Un cariño de muerte que sale del corazón

Los celos, las eternas venganzas, los rencores y la muerte son los amargos perfumes del alma humana que desprenden las emblemáticas tonadas de María Dolores Pradera, y también las palizas de los reyes latinos, que se maldicen entre ellos “con justo encono”. La veterana cantante suele ponerse en medio para que el verso no acabe en muerte, saliendo ella misma mal parada en algunas ocasiones.

“Es maravilloso este encuentro entre lo nuevo y lo viejo, esa capacidad de aprender del pasado que muestran las nuevas generaciones, que vienen rajando fuerte”, explica uno de los promotores del concierto, que se editará también en forma de disco gracias a la colaboración de “Salvatrucha Music”.

En una época en la que abundan los espectáculos repletos de pirotecnia pero sin verdad ni sentimiento, es un auténtico placer disfrutar de una propuesta tan sincera en su planteamiento y tan rotunda en su ejecución. Aquí no hay lugar para el escapismo ni la autocomplacencia.

Los artistas consagrados suelen dedicar sus últimas actuaciones al repaso edulcorado de los tiempos pasados, cayendo en la nostalgia y la reiteración de caducos clichés que perdieron la fuerza que en otros tiempos cautivaba. Sin embargo, María Dolores Pradera ha decidido agotar sus últimas energías paladeando el sabor de la amargura y bebiendo de la excitada juventud de estos delincuentes que viven cada verso que ella canta y se vacían las cuencas de los ojos como bestias despiadadas, arrojando al escenario su trofeo de muerte como un sangriento ramito de claveles.

Lágrimas negras brotan del público que queda vivo al final del recital, demostrando que la fuerza latina tiene más poder que nunca en estos días.

Lo mejor: La habilidad de la cantante para sortear los navajazos.

Lo peor: La certeza de que una bala te puede dar en la cabeza en cualquier momento.

Valoración El Mundo Today: ★★★★★