La puta calle está llena hasta los topes. Desde que se aprobó la reforma laboral, los despidos han aumentado tanto en España que en la puta calle ya no cabe un alfiler, de modo que los empleados vuelven a sus puestos de trabajo y las empresas no pueden ejecutar los despidos. “Hay más españoles en la puta calle que fuera de ella”, confirman los sindicatos, que acusan al Gobierno de no haber previsto esta situación.

La patronal pide cambios de urgencia en la legislación que permitan, “al menos durante un tiempo”, mandar a la gente “a tomar por culo”.

Muchos fríen espárragos para hacer tiempo

“Llevamos tres semanas aquí friendo espárragos”, aseguran los 15 trabajadores de una empresa de cableado afectados por un ERE que ha quedado en nada. El empresario les mandó a freír espárragos “para que como mínimo hagan algo y se ganen el sueldo que mi empresa ya no les puede pagar”. Aunque para los empleados es duro, los empresarios también sufren la imposibilidad de recortar gastos y las deudas convierten sus negocios en inviables.

Al drama laboral se suman también las pequeñas tragedias domésticas: “Mi mujer me ha mandado a la puta calle y aquí estoy, en el portal, intentando que entre en razón y entienda que no puedo quedarme allí”, confiesa un padre de familia que llora abrazado a una maleta Samsonite.

Codorníu manda a su plantilla a por uvas

El atasco de la puta calle hace temer que las empresas intenten librarse de algunos empleados con métodos poco ortodoxos o directamente ilegales. “El Grupo Codorníu mandó a por uvas al 40% de sus trabajadores y ninguno de ellos ha vuelto aún. Está claro que era una trampa”, explica una fuente anónima de la empresa.