El último número de la revista de la Asociación Española de Psiquiatría arroja datos demoledores: un 70% de los españoles que acuden a las consultas psiquiátricas “son para darles de comer aparte” y el diagnóstico de los especialistas suele coincidir en que “están muy majaras”. El resto, una minoría, simplemente “se han flipado por algo puntual” o bien “tienen la cabeza como un bombo por temas coyunturales que les hinchan las pelotas”.

El cansancio de los psiquiatras españoles es también muy elevado: “Cuando acude alguien más o menos normal alargamos las sesiones para que no se vaya”, reconocen algunos.

Sergio Aledón, experto en salud mental desde 1982, considera que “los chalados se han ido sofisticando con los años y hoy en día se les ocurren majaderías dignas de aplauso. Desde bautizar a sus testículos como Simon y Garfunkel hasta presentarse a sí mismos como el nuevo producto de Apple”. Estas “idas de perola de primera división” interesan e incluso divierten a los facultativos “hasta que al final te cansas y te cabreas porque tampoco es tan difícil actuar como si tuvieras dos dedos de frente. Vamos, digo yo”, declara Aledón.

Los investigadores de la revista especializada reconocen que “normal no hay nadie” pero añaden que “muchos pacientes se pasan tres pueblos con la coña de que están en el psiquiatra y pueden decir y hacer lo que les salga de los huevos”. La publicación concluye que “la gente por regla general está bastante tarumba”.

El Gobierno dice que “basta de tonterías”

Son muchos los colectivos ciudadanos que han alzado su voz en contra de la visión que tiene la Asociación Española de Psiquiatría de la problemática de la salud mental. “Ya existe suficiente discriminación social como para que encima los propios psiquiatras se expresen en estos términos”, explica la portavoz de “Españoles que Mordemos los Cables”. El Gobierno, sin embargo, parece apoyar a los médicos cuando, a través de un comunicado del Ministerio de Sanidad, dice que “basta ya de tonterías y de cosas raras porque nuestro país debe proyectar, ahora más que nunca, una imagen de seriedad. Si alguien siente la necesidad de gritar o hacer el imbécil, deberá contenerse porque ya no somos críos”.