Marisol Hermoso, natural de Puertollano, cuestionó ayer la realidad cognoscible en el transcurso de una cena familiar y sin importarle lo más mínimo la presencia de sus dos hijos de 6 y 11 años de edad. Todo empezó cuando la mujer recordó el argumento de la película “Matrix”, emitida en abierto recientemente en LaSexta 3. Hermoso confesó que el filme le había llevado a dudar “de que lo que nos rodea exista de verdad tal y como lo percibimos”. El esposo de Marisol, Juan Rodera, intentó aplacar las dudas suscitadas por su mujer con el objetivo de mantener a los niños al margen del escepticismo: “Eché mano del argumento modal de Moore para desacreditar la teoría de Marisol, pero ella seguía erre que erre”, se lamenta Rodera, quien se encuentra “absolutamente perplejo”. Tanto, que no ha dudado en advertir a las autoridades esta mañana tras sorprender de nuevo a su esposa socavando los cimientos ontológicos de sus hijos durante el desayuno.

Poner en duda los presupuestos ontológicos en presencia de menores es un delito tipificado en los artículos 448 y 451 del Código Penal español. La actitud de Marisol Hermoso podría llevarla a perder la patria potestad de sus hijos si un juez así lo dispusiera, pero esto parece no importar a la escéptica, que “se está tomando tan en serio el tema que ha anulado la compra de unas alfombras porque se niega a pagar por algo de cuya existencia es razonable dudar”, insiste Juan. El hombre se está asesorando en estos momentos con sus abogados y no descarta que Marisol sufra una enajenación mental transitoria suscitada por un incipiente cartesianismo.

Una familia rota por las dudas

Juan Rodera teme que la actitud de su esposa haya afectado psicológicamente a sus hijos. Miguel, el más pequeño de los dos, se niega a hacer los deberes utilizando el siguiente argumento “Modus Ponens”:

(P1) Si, como dice mamá, no sé que no estoy soñando, entonces no sé que tengo que hacer los deberes.
(P2) Como dice mamá, no sé que no estoy soñando.
Por lo tanto,
(C) No sé que tengo que hacer los deberes.

El hermano de Miguel aún no ha cuestionado abiertamente la realidad cognoscible pero mira por la ventana con la mirada perdida, lo que según el padre “no augura nada bueno”. Ambos serán examinados por un psicólogo infantil mientras Juan Rodera refuerza sus argumentos antiescépticos acudiendo a la “Metafísica” de Aristóteles.