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Un jubilado dará la vuelta al mundo con el pensamiento

PROMETE ENVIAR CARTAS CON DIBUJOS DE LO QUE VAYA VIENDO

Anatalio Sánchez-Cadenas, de 81 años de edad y residente en un geriátrico de Badajoz, ha anunciado esta mañana su intención de dar la vuelta al mundo con sus propios medios y empleando la imaginación como único método de transporte. El anciano asegura que, desde hace años, se siente «aparcado en la cuneta de la vida» y tiene muchos deseos por cumplir. «Cuando era joven no pude viajar y siempre he querido conocer otras gentes, otras culturas, otras formas de vida. Mi cuerpo ya no me acompaña, pero por suerte mi mente está en perfecto estado de forma para emprender un viaje de estas características», declara el anciano.

Anatalio rechaza los consejos de sus familiares, que le dicen que lea a Julio Verne, porque le cuesta centrar la mirada en el texto y quiere «viajar sin guía, decidir mi propia ruta. Puede que sea el único ámbito en el que aún puedo decidir por mí mismo». No sabe cuánto tardará en culminar su travesía pero pide a su entorno «que no me toquen los cojones mientras esté fuera».

El viajero ha partido este mediodía rumbo a Istambul y, desde entonces, se encuentra postrado en su butaca con los ojos cerrados, muy concentrado. «A veces levanta los brazos con energía, como si se estuviera comunicando con gestos. Y balbucea palabras y frases que parecen extranjeras como ‘Malbúe’ o ‘Mailpico mi equipaggio signore'», explica la enfermera Rosalía Alfaro, empleada del centro de mayores. «Parece que se haya vuelto loco, pero se le ve feliz. Yo diría que está teniendo un buen viaje», insiste la mujer.

Mandará postales y cartas relatando sus experiencias

Anatalio se ha comprometido a informar puntualmente a sus allegados mediante correspondencia. Por este motivo, ha dejado en la mesa que hay al lado de su butaca un paquete de folios y sobres. «Me gustaría mandar dibujos y retratos de todo lo que vaya viendo, quizá luego puedo escribir un libro que incluya esas ilustraciones», declaró antes de partir. Sus familiares aseguran que ya han empezado a echarle de menos y algunos compañeros del geriátrico reconocen que sienten envidia. «A mí también me gustaría viajar, pero no me atrevo. Me encantaría ir al Perú, pero me cuesta imaginármelo. Si me perdiera, luego no sabría volver», explica Antonia Losada, que prefiere disfrutar de la seguridad que proporcionan los documentales televisivos.

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