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Inventa un drama de decadencia personal para ganarse al público de alcohólicos anónimos

INICIA GIRA ESTE VERANO

Desde el pasado diciembre, las reuniones semanales de Alcohólicos Anónimos de un centro social de Barcelona son mucho más interesantes de lo habitual. Hace unos meses, entre los nuevos invitados, se encuentra Mario S., quien ha mostrado tener unas dotes innatas para la narrativa. Recientemente ha reconocido que «suele adornar» sus propias historias de degradación personal para mantener en vilo al público. 

«Vine el primer día y todo el mundo contaba unas cosas que… yo no quería quedar mal. Así que fui creativo. Ahora me adoran», explica. Sesión a sesión, ha conseguido superarse «y cavar en los lugares más profundos y oscuros del alma», hasta el punto de que, cuando otros asistentes quieren contar sus propias historias, son abucheados. «Si es que es un gusto oírle, él sí que lo ha pasado mal y no nosotros», comenta un alcohólico anónimo que prefiere mantener su identidad en el anonimato.

«Yo lo único que podía explicar era que bebo para divertirme, sin más. No trato de olvidar ningún trauma, ni he perdido el trabajo como la mayoría de los de aquí. Estoy borracho siempre y mi vida funciona igual porque tengo mucho dinero. Vamos, que todo bien. Y yo sabía que no era eso lo que querían oír», cuenta Mario al explicar por qué empezó a relatar una serie de acontecimientos y escenas «que te hacen cuestionar los límites de degradación a los que puede llegar un hombre», según ha definido su tutor de Alcohólicos Anónimos. De hecho, la vida de Mario como alcohólico es tan funcional que se ha planteado dejar de acudir a las reuniones. «Pero es que he dado un gran paso: reconocer que soy adicto… Soy adicto a mi público», reconoce con una sonrisa.

«He contratado a varios guionistas de la tele»

Desde su «Hola, soy Mario y soy alcohólico», su público sabe que lo que viene a continuación es un «blockbuster» lleno de giros de guión, explosiones y vómito a raudales. Pero para poder mantener la calidad de sus relatos (que siempre deja en «cliffhanger», para que el público se pregunte cómo continuará) se ha visto obligado a contratar a guionistas. «Conozco a mi público, sé que les encantan las historias sobre dormir en charcos de vómito a la puerta de los bares o sobre bailar el cancan para que alguien te invite a un trago… pero mi imaginación es limitada. Sé que esperan mucho y quiero darles mucho, pero conseguir sus aplausos no es fácil», explica.

El primer guionista que contrató había trabajado en «Águila Roja», pero tuvo que despedirlo porque le escribió un drama de autodestrucción ambientado en un poco creíble siglo XVII que a Mario no le servía de mucho. Por suerte, es fácil encontrar guionistas en las reuniones de alcohólicos anónimos, así que ahora ya tiene un equipo trabajando para él. «Nos trata muy mal y nos exige muchísimo. Nos ha obligado a volver a beber para que nos inspiremos», explica uno de los guionistas. Pese a todo, están contentos porque la paga es buena y «el reconocimiento es mucho mayor que en televisión».

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