La cirrosis ha podido finalmente con Don Simón, verdadero emblema de la sobremesa española que, pese al cariño de los incontables seguidores que cosechó, siempre se negó a escuchar las advertencias de los médicos y a vivir una vida acomodada, apurando las últimas horas de su existencia a la intemperie, entre cartones y al abrigo de Gazpacho, su perro fiel. “Todos nos acordamos de cuando Don Simón vino de Huelva. Era un individuo 100% natural. Su tez rosada y sus travesuritas de borracho permanecerán en la memoria de todos. ¿Quién no ha dicho alguna vez ‘Voy a comer con Don Simón’ y ha bajado a la calle para conversar con él en alguna esquina de la gran ciudad?”, ha declarado Alberto Ruiz Gallardón, quien siendo alcalde de Madrid siempre intentó que los ciudadanos pasaran con el viejo Simón el mayor tiempo posible.

“¿Ahora quién me indicará en el supermercado los estantes en los que puedo encontrar Granini hecho a base de zumo concentrado?”, se lamentaba otra de las admiradoras del anciano. Pese al dolor que ocasiona su pérdida, muchos recuerdan que el fallecido “era muy peleón”, aunque el carácter fuerte del anciano suele atribuirse al alcoholismo que ha acabado con su vida.

“Olía fuerte, te lo encontrabas por todas partes y se picaba enseguida, pero eso no lo hacía menos entrañable”, reconoce un asistente social. Añade, eso sí, que “últimamente todos tiraban de él, quizá por los envites de la crisis y la necesidad de desahogarse con quien tenemos más cerca. Desde luego, exprimirle a él era más barato que ir al psiquiatra, pero tanto va el cántaro a la fuente que al final se rompe”.

Los seguidores de Don Simón han acordado celebrar un minuto de bebercio en memoria del difunto, seguido de un solemne brindis colectivo.