Los alumnos del Instituto de Educación Secundaria I.E.S. Numancia de Santa Coloma de Gramenet son unos privilegiados. En la cantina del colegio, un papel invita a pedir “la carta de gin-tonics” para acompañar el bocadillo de queso del recreo o los menús del mediodía.

La noticia saltó a los medios cuando alumnos y profesores del centro empezaron a subir a Facebook fotos de Instagram de sus copas de gintónic. Desde la dirección del centro insisten en que los cócteles generalmente no se ofrecen a los alumnos y que su única intención era “presentar al I.E.S. Numancia como una barra de referencia nacional para los cócteles de calidad, con una carta de ginebras que impresione”.

El propio director del centro, Francisco González, ha sido quien ha diseñado la carta, consciente del gran interés que despierta ahora entre el público esta bebida. El éxito del combinado ha llevado ya a muchos bares de copas, restaurantes y cafeterías a contar con cartas específicas. “Y nosotros no queremos ser menos. Ofrecemos siete tipos de tónicas, catorce complementos y veintiocho marcas de ginebra. Lo que no puede permitirse es que haya un bar en el colegio y, si a uno le apetece un gin-tonic, le sirvan un Larios en vaso de tubo con dos cubitos mal puestos y una tónica desgasada. Eso es cosa del pasado, hay que subirse al tren”, comenta González, quien insiste en que ha cuidado sobre manera la carta para ofrecer un amplio abanico de ginebras “tanto tradicionales como contemporáneas”.

La cocinera del centro: “No existe el gin-tonic perfecto”

Con toque de pepino, con aromas especiados o vegetales, con delicados recuerdos mentolados… los que se acerquen al colegio lo tendrán difícil para decidirse entre las ginebras pese a que Matilde, cocinera del centro, puede ayudar al visitante a orientarse. “Lo tradicional es el limón o la lima, pero yo también ofrezco combinaciones de autor como el pepino, el regaliz, los pétalos de rosa o las cortezas que le quito al queso de barra”, explica Matilde. En la cantina cuentan asimismo con copas de balón y vasos especiales, aunque la mujer admite que los alumnos “más brutotes” prefieren mezclar la ginebra y la tónica en la boca, directamente de la botella.

“Cada cliente es un mundo y tratamos de complacerles, pues cada uno sabe cómo quiere apreciar las infinitas sutilezas de la ginebra y eso de las sensaciones organolépticas son cosa de cada cual. La capacidad de elección forma parte también de lo que se entiende por educación activa”.

En la última reunión del Consejo Escolar, donde intentó debatirse sobre si debía mantenerse la oferta de ginebras o no, finalmente la conversación derivó hacia un tenso debate (hasta altas horas de la madrugada) sobre cómo debe realizarse el “twist” del limón sobre la copa.