“Se acabó la pesadilla”. Con estas palabras, el ingeniero ruso Alekséi Pázhitnov anunciaba la caída de la última pieza del Tetris, el juego que él mismo diseñó en 1984. Desde entonces, y hasta ayer a las ocho de la tarde (hora española), millones de personas han tenido que gestionar, con mayor o menor fortuna, la caída de las piezas del Tetris en un proceso que parecía no tener fin. Afortunadamente, cuando muchos ya empezaban a sucumbir al cansancio y al hastío, la lluvia de piezas terminó abruptamente tras posarse un ejemplar fucsia de tipo “L” en un ordenador de Gammelstad (Suecia) sin que le siguieran más fichas.

“Ha sido un verdadero calvario y muchos habíamos perdido completamente la esperanza”, explica el jugador sueco que ha rematado la faena. Pázhitnov ha agradecido el esfuerzo de quienes, durante tanto tiempo, han evitado el colapso: “Solo no hubiera podido con todo. Ahora ya está todo ordenado y en su sitio. Mil gracias”, declaró.

Muchos acusan al ingeniero ruso de haber conducido a millones de personas a un infierno comparable al de Sísifo, fundador y rey de Éfira que, según la mitología griega, fue obligado a arrastrar indefinidamente una gran piedra hacia lo alto de una ladera empinada. “Coño, es que cuando llego arriba el piedrolo se me cae, y mira que estoy al tanto. Total, que tengo que bajar otra vez a por él, recogerlo y volverlo a subir, fines de semana incluidos. Es una jodienda todo esto”, declaraba Sísifo en el libro XI de la “Odisea” de Homero. La sensación de estar realizando un esfuerzo inútil invadía también a numerosos jugadores del Tetris, que seguían colocando las piezas obedeciendo a su sentido de la responsabilidad.

Todos los esfuerzos de la comunidad internacional se centran ahora en resolver el juego del Buscaminas. España es uno de los países que participa más activamente en este enorme desafío, destinando a dicha tarea al 90% de los funcionarios del Estado. “El otro 10% está ocupado jugando al Solitario y obteniendo reseñables avances”, explica el portavoz del Gobierno, Alfredo Pérez Rubalcaba.