Mandoble aprovechó también para llevarse al hospital unos pantaloncitos piratas que compró hace poco. “Necesito el reconocimiento de un profesional en el cuerpo humano para saber si tengo que devolverlos o no. Yo creo que hacen bolsa, pero no entiendo de anatomía”, explicaba ayer a los periodistas a los que llamó mientras esperaba su turno en urgencias.

“Sé que no hay que recurrir a Internet porque todo el mundo opina sin conocimiento, pero una vez subí unas fotos mías a un foro para ver si me ayudaban”, comenta. “Me di cuenta de que en Internet es muy fácil opinar. La gente se reía pero no aportaba pruebas ni argumentos científicos”. La mujer admite que la experiencia fallida de Internet y las evasivas de su marido Javier, que cuando sale el tema “ya se limita a emitir sonidos como ‘Psssst’ o ‘Grrrau'”, le dejan nadando en un mar de dudas y le obligan a comerse una tableta de chocolate por la ansiedad.

El esposo de Marta se siente “avergonzado” por el hecho de que su mujer haya acudido a urgencias sin padecer un problema médico real. Declara que ya no sabe cómo decirle a Marta que, efectivamente, tiene el culo algo grande, aunque a él no le importe. “Ahora me limito a subrayar en el periódico del día expresiones como ‘superávit’, ‘excedente’ o ‘proceso de expansión corporativa’. Pero ella hace como quien oye llover”, explica.

Marta sigue esperando en el hospital en estos momentos, quejándose de la lentitud de la Seguridad Social. “Lo que pasa es que hay muchos viejos que vienen para pedir recetas y luego vender los medicamentos por ahí. Y muchos moros también, que vienen a urgencias para nada a hacerse mamografías”, se lamenta.