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Entra en una iglesia y pide el libro de reclamaciones

SE SIENTE DEFRAUDADO POR EL SERVICIO DE NUESTRO SEÑOR

Según la mujer de Antonio, éste ya salió «calentito» de casa. «Lleva diciendo cosas horribles de Nuestro Señor desde hace semanas. Y yo ya estaba harta de oírle, así que al final le hice callar diciéndole ‘pues vas y se lo dices a Él’. ¿Cómo iba yo a pensar que me pondría en ridículo delante de toda la parroquia pidiendo el libro de reclamaciones como si se tratara de una tienda de fotocopias o una zapatería?» se lamenta la mujer entre sollozos. Su marido, detrás de ella, trata de hablar por teléfono con la Asociación de Consumidores y Usuarios.

Antonio dice que lleva años «invirtiendo» en el catolicismo sin recibir nada a cambio. «Yo entiendo esto de la religión como un seguro: tú sabes que ese dinero es a fondo perdido y que no lo vas a recuperar a no ser que tengas un accidente. Pues bien, me he quedado en el paro, ha llegado el momento de que Nuestro Señor haga acto de presencia», se queja. Y vuelve a insistir en que no sólo no ha dejado de estar en el paro sino que «las cosas raras de las ingles» le pican muchísimo. «Sé que el párroco don Miguel sólo es un trabajador y que él no tiene ‘las culpas’ de nada, pero a alguien me tendré que quejar», se defiende.

Por su parte, el párroco don Miguel le aseguró que abriría «una incidencia» y le dio un número de seguimiento de su reclamación. «A ver si llega al Vaticano y que a partir de ahí se aclaren con Cristo. Si no, volveré a la iglesia a montar eso, un cristo. Así hasta que me oigan. No espero que me devuelvan el tiempo perdido, con que arreglen lo mío me doy por contento. O lo del trabajo o lo de las ingles», asegura Huestes.

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