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Un ejecutivo vive un terrible y profundo momento de soledad en el jacuzzi de un hotel

A PUNTO ESTUVO DE LLAMAR A SU MUJER

«En el fondo, sólo soy un soñador que espera ser feliz tras conseguir una comisión de medio millón de euros. No pido más», explica. «Y en ese jacuzzi, pese a toda la relajación y al inmenso placer que supone saberte el rey del mundo, por un instante sentí que todo aquello era fútil. Me vi desnudo, en medio de aquella habitación tan enorme». El hombre no puede borrar de su mente la fotografía de una cala solitaria que decoraba el baño: «Sentí que aquello era el interior de mi cabeza, pero sin toda esa arena y tal».

En ese instante -vivido exactamente a las 23:15, aunque a él le pareció eterno- Castillejo pensó que el hotel estaba lleno de otros hombres como él. «Hombres de negocios la mayoría, lejos de sus familias… Lo damos todo durante el día pero por la noche somos tristes mortales acostumbrándonos a envejecer», explica al otro lado del teléfono. «La noche borra los oficios en un mundo habitado solamente por hombres y mujeres, confidentes de una amarga soledad. Yo en mi jacuzzi y en mi suite y los demás en sus pisos patera… todos somos iguales».

El empresario, de hecho, reconoce que al sentirse tan solo en el mundo estuvo a punto de llamar a su mujer. «Me la imaginé en casa, con los niños. Era una imagen tan dulce, tan suave… casi hubiera querido estar allí con ellos», admite. Sin embargo, todos sus pensamientos negativos se desvanecieron en cuanto sonó el timbre y se levantó para recibir, desnudo y tropezando con todos los muebles, a la prostituta de lujo que había solicitado un rato antes por teléfono.

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