Las calles de las principales ciudades de España se han llenado hoy de ciudadanos que, empuñando uno o varios revólveres, han querido emular al teniente coronel Antonio Tejero en su irrupción en el Congreso de los Diputados. “He disfrazado a mi hijo con un bigotito y un tricornio, le he dado el subfusil y le he llevado a la guardería mientras le repetía lo que tenía que decir al entrar. Ha sido una sorpresa llegar y ver que ya había niños más pequeños que él disparando al aire, algunos de ellos estampándose contra la pared por el retroceso del arma”, explica una mujer de Barcelona vestida de Guardia Civil.

Es imposible en estos momentos recorrer las calles españolas sin que alguien grite “¡Al suelo todo el mundo!” y obligue a quienes le rodean a acatar la orden. “En el metro he visto que entraba una anciana y le he gritado: ‘¡Siéntese, diputado!’. Le he cedido mi asiento y luego he estado todo el rato diciéndole ‘¡Las manos fuera; manos arriba, ¿eh? ¡Manitas arriba!’. He insistido tanto que hasta su marido ha tenido que decirme: ‘¡Quieto! ¡Para, para! ¡Que vas a dar a alguien de los nuestros!’. La pena ha sido no poder saltar por la ventana cuando he llegado a mi estación”, explica un joven de Zaragoza que en 1981 ni siquiera había nacido.

“No es un homenaje propiamente dicho. Es una rememoración. Una suerte de catarsis colectiva que nos ayuda a superar lo que fue y a apartar el fantasma de lo que pudo haber sido”, ha explicado el vicepresidente Alfredo Pérez Rubalcaba mientras disparaba a un periodista gritándole “¡Quítate de ahí!”. Luego ha aprovechado para responder una llamada al móvil sentenciando “Ni está ni se le espera”, parafraseando a don Sabino Fernández Campo.

“Estoy un poco cansado ya porque llevo toda la mañana haciendo de Gutiérrez Mellado y todo el que me ve me zarandea. Espero que el año que viene me dejen hacer de Rey Juan Carlos y así podré descansar”, declaraba otro testimonio a las puertas de un tanatorio de Madrid, donde muchos hacían cola para interrumpir funerales. También ha habido recreaciones del golpe de Estado en numerosos locales comerciales e incluso en la UCI del Hospital Gregorio Marañón de Madrid, donde se ha colado un espontáneo con tricornio con la intención de desalojar la zona: “Salen primero los diputados, después el Gobierno y después la Mesa, que es el orden por el que se procede en la Cámara. Silencio. La Mesa ordena la salida, señor teniente coronel”, ha exclamado dirigiéndose a los enfermos.

Por supuesto, ha sido en el Congreso de los Diputados donde se han producido más aglomeraciones. Poco han podido hacer las autoridades para poner orden entre tanto ciudadano armado y con ganas de crear un gobierno de concentración nacional. “Al final les estamos dejando entrar de seis en seis para que hagan el numerito en no más de diez minutos y se vuelvan a sus casas”, afirma un agente.