“Pero qué cosas firmas, imbécil”, “Para esto mejor juégate los hijos al póker” o “Poner el culo para comprarte un Peugeot feo, manda cojones” son algunas de las insultantes advertencias que la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) ha detectado en la letra pequeña de muchos contratos bancarios. Aunque los responsables de los bancos argumentan que “al cliente no hay que engañarle”, la OCU considera que “se están traspasando todos los límites en la relación de los bancos con sus clientes”.

Finalmente, el Ministerio de Economía ha decidido atender a las quejas y prohibirá estas prácticas al considerar que “tengan o no razón, es mezquino insultar aprovechando que nadie lee la letra pequeña. Si tanto les preocupa el cliente, bien podrían decírselo con la Times New Roman de tamaño 16”, ha admitido la ministra Elena Salgado. La OCU va un paso más allá apuntando que “en realidad lo que hacen es reírse de la gente. Si no es así, ¿por qué ahora en los extractos de Caja Madrid con saldo negativo sale una foto de Chiquito de la Calzada gritando ‘Cuidadín, pecador’?”.

Las empresas de telefonía son también blanco de muchas críticas: “Tengo en mis manos un contrato de Movistar que, en el Anexo III, dice: ‘Gracias por elegir la tarifa en la que llamas más barato a primera hora de la mañana, cuando sabes perfectamente que a esta hora no te levantas tú ni a tiros”, insiste un portavoz de la OCU. Las compañías defienden que se trata de un lenguaje más humano: “En las facturas con cantidades muy elevadas incluimos mensajes como ‘Toma del frasco’ o ‘Te pasaste, Manolín’ para que el cliente quite hierro al asunto y no lo perciba todo como una agresión”, aseguran desde Movistar.

“La cuestión es que es difícil rellenar la letra pequeña. No vamos a poner texto falso o poemas de Rimbaud. Para eso, preferimos aprovechar este espacio más íntimo, menos encorsetado, para hablar al cliente de tú a tú. Entendemos que quien se toma la molestia de leerse un contrato entero sabe ir al fondo de las cosas y, por lo tanto, entiende que, por mucho que le llamemos ‘infeliz’ o ‘pobre hombre’, lo que intentamos es incitar a la reflexión”, argumenta el presidente de la Asociación Española de Banca.