El político egipcio Mohamed el-Baradei, premio Nobel de la Paz, insiste en que “el derecho a cambiar de dictador es legítimo porque una sociedad que no cambia es una sociedad que no avanza, antidemocrática. Y es triste que sea el pueblo el que tenga que pedirlo. Debería salir de los propios dictadores, igual que un futbolista sabe cuándo quedó atrás el mejor momento de su carrera deportiva”.

Egipto es ahora terreno abonado para que los dictadores que se encuentran en primera línea pero sin pueblo oprimido puedan relevar a Mubarak y liderar el cambio. “Hosni Mubarak era un dictador razonablemente elegante pero bajito y tirando a rechoncho. Obviamente, ahora tendrán más posibilidades los dictadores de altura, esbeltos y con un look totalmente distinto, quizá más casual y desaliñado, sin llegar necesariamente al chándal de Fidel Castro. En España la situación de cara a los próximos comicios es la contraria: venimos de un mandatario alto y flacucho y lo que necesitamos es un gordito coñón. En este sentido, el señor Galindo sería mucho más temible para el Partido Socialista que Mariano Rajoy”, argumenta el politólogo Anselmo Villena.

La comunidad internacional, plenamente volcada en la causa del pueblo egipcio, garantiza la pronta llegada “del nuevo dictador que los egipcios legítimamente están reclamando”.