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La crisis obliga a la mafia italiana a pegar a plazos

LA VIOLENCIA DE BAJO COSTE SE INSTAURA COMO TENDENCIA

Las dificultades económicas empiezan a hacer mella en las organizaciones criminales. La Cosa Nostra, concretamente, ha admitido en un comunicado grabado a fuego en la espalda de una víctima de Palermo (Italia) que está llevando a cabo «recortes de plantilla por la vía rápida». Dada la creciente falta de personal, sumada a la necesidad de aceptar encargos de todo tipo -«incluyendo el asesinato de un hámster que sufre o la quema de malas hierbas»-, la efectividad de las acciones criminales está decreciendo hasta el punto de que «no hay tiempo para palizas enteras y tenemos que ir pegando a plazos».

Las informaciones de la mafia cuadran con los datos de las autoridades italianas, que certifican el aumento de personas magulladas que esperan con angustia la segunda, tercera o cuarta fase de la paliza que la mafia les debe. «Primero te dan una bofetada y luego te preguntan qué plan tienes para la próxima semana porque ahora no tienen tiempo para seguir dándote fuerte. Hasta que vuelven, vives instalado en el miedo», se lamenta un testimonio anónimo, que añade que «con las prisas a veces sólo te rocían con gasolina pero no te queman, dejándote el cutis hecho un asco y la ropa ni te cuento».

«La crisis nos obliga a tirar de jóvenes becarios. A veces ni siquiera tenemos para sus sueldos y entonces se enfadan y nos amenazan. Nosotros les mandamos más becarios para intimidarles y se pegan entre ellos hasta caer rendidos. Además, desde que utilizamos bombas de bajo consumo no conseguimos más que asustar a las viejas. En muchos casos nos funciona más fingir que somos bancos o incluso Testigos de Jehová», reconocía por teléfono un representante de la organización criminal.

El ejemplo más llamativo de la violencia de bajo coste es el de un conocido jugador de fútbol italiano al que la mafia persigue desde hace tiempo. «Dejaron un mensaje en mi página de fans del Facebook diciendo que me arrebatarían lo que más quiero. El mismo día, llego a casa y me encuentro con que han entrado en mi cocina y se han comido todos mis Muffins de Kinder Cereali, dejando los envoltorios esparcidos por el suelo», explica el deportista. La víctima reconoce también que atacaron a su familia «bajándose una foto de mi mujer que había en Facebook y añadiéndole bigote con el Photoshop para luego difundir los retoques por Twitter».

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