Juan Pedro Gutiérrez, natural de Valencia, interrumpió un tiroteo que estaba teniendo lugar ayer en Alicante entre dos bandas de albanokosovares. Esquivando varias balas, Gutiérrez se situó en la línea de fuego y, entre risas, pidió a los violentos que interrumpieran la reyerta porque tenía que contarles un chiste muy bueno que, en sus propias palabras, “venía muy a cuento”. Lo inesperado de su intervención hizo que los delincuentes dejaran de disparar, momento en el que Gutiérrez se dispuso a explicar “el chiste de la pistola en la boca”.

A los treinta segundos de haber iniciado su parlamento, el tiroteo volvió a reanudarse pero esta vez el valenciano fue el único objetivo de todos los disparos. “Hubiera preferido oír risas pero ya es más de lo que me ofrece mi mujer, que se queda con cara de palo con mis chistes” declara Gutiérrez, que se encuentra hospitalizado y con varias heridas de bala en el pecho y en las extremidades.

Gracias a la espontaneidad de Juan Pedro Gutiérrez, la Policía pudo aprovechar la distracción de los albanokosovares, que fueron inmediatamente detenidos sin oponer resistencia al haber agotado su munición. “Si sus chistes no fueran una mierda probablemente merecería ser considerado un héroe del pueblo”, admite un agente. El valenciano insiste en que “el chiste de la pistola es buenísimo pero no pude terminar de contarlo. Pensé que disparaban para ambientar. Luego, cuando me dieron en la pierna, ya vi que era una indirecta”.

Aunque su estado evoluciona favorablemente, Gutiérrez tardará más de lo previsto en recuperarse de sus heridas puesto que “insiste en hacer bromas todo el rato cuando procedemos a extirpar las balas de su cuerpo”, afirma uno de los médicos que le atiende. La víctima asegura que aprovechará su convalecencia para escribir una recopilación de chistes sobre ginecólogos.