“¿Puede estar Dios en un risotto?”

“Yo entiendo que el teléfono comunique porque el Papa esté hablando todo el rato con Jesús o con otra gente de la Iglesia, pero poco a poco me asaltan dudas de fe y pienso que, a lo mejor, el Papa lo que ha hecho es descolgarlo simplemente para que no le molestemos”, explica Ramón. “¿Ve? Ya incluso desconfío del Papa, y eso es porque mis dudas de fe crecen diariamente”.

“Buscar la fe ya es una forma de acercarse a Dios” explica Monseñor Steenberghen, portavoz del Vaticano, a El Mundo Today. Según él, los católicos “y especialmente los más jóvenes” no deben desesperar al oír que el teléfono comunica dado que “son como los latidos del sagrado corazón de Jesús”.

Steenberghen argumenta, además, que si el teléfono del Vaticano comunica no es porque lo tengan descolgado para no ser molestados “sino porque, puesto que sólo hay uno y no tenemos móviles de esos, está muy solicitado”. Además, rechaza la idea de instalar más centralitas porque la que hay se instaló a mediados del siglo XX y aún funciona. El reducido tamaño de Ciudad del Vaticano hace, asimismo, que no sea necesario tener un teléfono en cada habitación “como si esto fuera un hogar de esos modernos”. Cuando el teléfono suena, el primer religioso que lo descuelga avisa a gritos al destinatario de la llamada.

Tras media hora de conversación, Steenberghen reconoce, sin embargo, que si el teléfono del Vaticano comunica últimamente más a menudo es porque Benedicto XVI ha adquirido un módem de 56K de última generación y está descubriendo “eso de la Red”: “Así que tiene el teléfono ocupado todo el día con el ruidito ese tan molesto. Dice que está visitando Internet y apuntando todo lo que no le gusta. Me temo que tiene para un tiempo aún”, confiesa. Tras explicar esto, se apresura a colgar.

Este diario ha podido saber por otras vías que el Vaticano tiene pensado contratar un servicio de callcenter con centralitas en la Índia y en Bogotá donde serán derivadas todas las llamadas con dudas de fe para que sean resueltas por técnicos especializados. “Sí, claro, seguro que llamas para preguntar si puedes encontrar a Dios en un risotto y al final te descuidas y acabas renovando la permanencia. Justo ahora que me estoy quedando sin fe. Ni hablar del peluquín. Que hubieran atendido la llamada cuando tocaba”, se queja Ramón.