Las familias de los empresarios se están movilizando para interrumpir la reunión y organizar un plan de evacuación (se está sopesando la opción de provocar un incendio o enviar a una becaria atractiva con galletitas que consiga desviar su atención). Los ejecutivos han estado tanto tiempo en la penumbra que, una vez se consiga sacarles de ahí, tendrán que salir con un vendaje en los ojos para no quedar deslumbrados por la luz y sufrir secuelas.

Diversos psicólogos se han acercado a la oficina para atender a las víctimas una vez se liberen de su encierro. “En ese tipo de encuentros las condiciones son muy precarias, huele mucho a tigre, se pasa hambre… En definitiva, se crean vínculos muy fuertes entre los asistentes, que muchas veces no vuelven a ser los mismos al llegar a casa. Su mente sigue estando en la sala, con sus compañeros, leyendo el Power Point” comenta José Heinz, psicólogo especializado en ejecutivos y amas de casa.

Uno de los empresarios logró salir al cabo de 7 horas al decir que “iba a imprimir una cosa”: “Con cada nueva diapositiva, parecía que el director ejecutivo iba a hacer un simple resumen. Y al principio lo hacía, pero luego terminaba leyéndola entera, como si fuera un impulso más fuerte que él. En una ocasión pasó la diapositiva sin leerla, pero entonces volvió atrás y la leyó. Entonces comprendí que tenía que salir de allí”.