La opinión generalizada en la comunidad científica considera que es irrelevante si la célula “Maite” es la primera forma de vida artificial porque, sea cierto o no, lo que está claro es que es un tipo de vida poco interesante y, en una palabra, inútil. “No sale a cuenta, una célula no puede dar afecto y, por lo que dice Bender, la suya encima ni siquiera sintetiza enzimas o tapa heridas como las plaquetas. Vaya mierda”, sentencia por teléfono el genetista Justin Bieber (que no tiene ninguna relación con el cantante del mismo nombre) a este diario.

“Francamente, de vida inútil andamos sobrados. Lo que haría falta es crear células sintéticas con sentido común y la cabeza bien amueblada. Las típicas células que hacen que una célula madre se sienta orgullosa de ellas”, prosigue Justin Bieber. “Las inversiones en investigación son muy limitadas y tendrían que destinarse a fines más útiles, como por ejemplo crear seres humanos inmunes a la resaca. Eso no sólo sería científicamente relevante sino que además estaría bastante guay”.

Ante las críticas, Bart Bender publicó un comunicado en la revista “Science” donde defiende que la célula que ha generado tras una investigación que ha costado más de 200 millones de dólares no es tan inútil como podría parecer. “Es muy pequeña y no hace nada concreto, es cierto. Pero podríamos hacer muchísimas de ellas, millones, y podríamos construir cosas con ellas. Ladrillos, por ejemplo”, explicaba.