Está tan castigado por la vida que parece mayor.
Martina, que está embelesada por la “autenticidad” de su novio, cree que si sus padres no lo aprueban es porque “son unos burgueses clasistas” que no pueden ver más allá de sus propias narices. “Estaba segura de que no soportarían ver a alguien de clase obrera sentado a su mesa. Y eso es lo que ha pasado, la fachada de hipocresía y falso progresismo de mis padres se ha venido abajo”, explica la chica. “Supongo que estaban esperando que trajera a un médico o a alguien formal y recatado y eso no va a ocurrir nunca. Mi gasolina es el amor, no la apariencia social. Ramón, o como se llame, es lo mejor que me ha pasado nunca”, insiste.

El joven, sin embargo, es ajeno a las tensiones internas de los García-Sensato y todos los parientes de su prometida le han parecido “unos titis bastante legales”. Ha agradecido asimismo haber comido caliente. Respecto a su futuro con Martina, espera que la relación prospere. “Ella me ha dicho que sólo quedaremos los domingos, cuando haya comida familiar, o cuando haya bodas a las que tenga que asistir. A mí ya me va bien porque con una comida como la de hoy puedo aguantar varios días. La semana que viene intentaré traer algo yo también: una buena botella de vino Hacendado o unas flores de plástico, que duran más que las otras y por tanto son mejores”.

“Mi hija siempre ha hecho igual. Una vez dije que no soportaba los payasos y al otro día trajo un mimo del que estaba perdidamente enamorada. En cuanto el tipo empezó a trabajar de otra cosa, lo dejó. En una ocasión, incluso, dije que no me gustaban los frankfurts y me trajo a un hombre anuncio vestido de perrito caliente, no sé de dónde lo sacaría”, explica el padre de Martina. “Imagino que a este tipo lo ha sacado esta misma mañana de algún centro de desintoxicación o de alguna cuneta. En el fondo, la clasista es ella. El pobre chaval nos ha pedido una foto de toda la familia para hacerse un tatuaje nuestro en la espalda. Mi hija es un monstruo”.