El hombre desconoce qué guarda su pareja en el bolso pero cree que, por el peso, bien podría contener varios electrodomésticos pequeños como un aspirador o una batidora de vaso. “Ella dice que le gusta ir preparada para todo, pero joder, soy yo quien acaba cargando con toda la mandanga”, insiste Manuel.

“Y no sólo eso: tuve que acompañarla a El Corte Inglés para que se probara unos sujetadores o no sé qué. Y tuve que estar un montón de rato paseándome por la zona de lencería con un bolso de mujer en la mano mientras ella hacía cola en los probadores. Me dio mucha vergüenza porque parecía un pervertido mirando bragas y demás”, explica el afectado.

Pese a que la zona estaba llena de otros hombres que esperaban a sus respectivas parejas, Guzmán se sintió tan humillado que intentó esconderse entre varios percheros hasta la salida de su mujer. “Pero allí había varios señores jugando a las cartas, todos en la misma situación que yo, y no había sitio para mí. Y entonces decidí que sería yo el primero en denunciar situaciones así. Y por eso denuncié”, sentencia.

Manuel Guzmán solicita ahora que su mujer no pueda obligarle a aguantarle el bolso o bien, si esto no es posible, que sea él mismo quien pueda escoger los modelos de bolso de su mujer: “No me importa llevárselo, pero entonces que me quede bien a mí. No sé, una mochila del Decathlon o algo de ese estilo me parecería una buena opción”.