La propuesta ha recibido algunas críticas. Muchos consideran que el ganchillo afectará a la imagen de alta tecnología que pretende transmitir el AVE. Otros creen que la mujer, Angustias Peláez, no será capaz de cumplir con los plazos de entrega. “Es una señora encantadora y muy capaz de llevar a cabo el cometido que se le ha encargado”, comenta Pedro Bartual. “Cuando nacieron mis chiquillos nos regaló unos patucos preciosos y también nos hizo todo el ajuar a mi señora y a mí cuando nos casamos. De hecho, hemos visto su casa y queremos empapelar los trenes por dentro exactamente igual. Actualmente son muy fríos”.

Una vez doña Angustias haya terminado de tejer las fundas, probablemente se le encargarán también visillos para las ventanas de los trenes de la red de Cercanías. La hija de Peláez, sin embargo, se muestra preocupada por su madre. “Está muy mayor y, aunque es mucho dinero el que van a pagar, creo que no puede asumir tanto trabajo. Sí, siempre ha cosido mucho, pero coser un millón de fundas de ganchillo es demasiado incluso para una anciana. Ella quiere hacerlo para pagarse el entierro”, se lamenta. Renfe insiste en que no hay prisa. “Preferimos que estén bien hechas a que lo haga deprisa y mal”.

Las amigas de doña Angustias dicen que, desde que le hicieron el encargo, ésta tiene unos humos “que pa qué”. Quieren acudir a distintas compañías aéreas para ayudar a decorar el interior de los aviones con tapetes y cuadros de sus nietos.