La detención el pasado sábado de un joven de catorce años y de su mano derecha, de doce, permitirá a José Luis Rodríguez Zapatero afrontar con más tranquilidad las semanas venideras. Ambos jóvenes han protagonizado estos últimos meses algunos de los más graves atentados contra la democracia cometidos en España. Se dedicaban a llamar al timbre de La Moncloa y luego echaban a correr.

Una operación conjunta entre la Guardia Civil y los servicios secretos ha logrado identificar a quien se considera que es el cerebro de la pareja. “Esperábamos a un terrorista e incluso se habló de Rajoy, pero no a un menor” comentó el ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba. “El CNI está intentando determinar para quién trabajan o si son células autónomas”, añadió. Los chicos, por su parte, han confesado que su única motivación era el hecho de que, al picar al timbre y esconderse, se acercaban a la puerta diversos helicópteros y agentes de la Policía. Mientras éstos peinaban la zona, los acusados fingían jugar a la pelota y se tapaban la boca para ahogar las risas. “Es evidente que lo único que buscaban era desestabilizar al Gobierno”, sentenció Rubalcaba.

Según fuentes de La Moncloa, había días en los que el presidente llegaba a acudir hasta veinte veces al oír el timbre: “Lo veías frente al interfono preguntando quién llamaba durante un buen rato. Todos sabíamos que eran los mismos gamberros de siempre pero él se levantaba cada vez por si se trataba de Obama en una visita sorpresa”.

José Luis Rodríguez Zapatero ha asegurado que en ningún momento estuvo en peligro la integridad del Estado y que tomó “medicación para los nervios” en los momentos en los que el comando de gamberros actuó con más intensidad. También ha declarado que se instalará un nuevo timbre “situado a una altura mayor para que puedan accionarlo únicamente personas adultas y, en el improbable caso de que Aznar venga a verme, ya le diremos que se traiga unos zancos”.