Desorientado y nervioso por los insistentes bocinazos de los demás conductores, Joan Martí no pudo controlar su automóvil y acabó precipitándose ayer por un barranco a escasos kilómetros de la población gerundense de Campdevànol. “Es que ya era hora, coño. Había línea continua y no podíamos adelantarle. Ya sé que hay que ser paciente con los conductores noveles, pero tuvimos que aguantar al paleto durante veinte minutos, creo que es suficiente. Cuando al fin vimos que viraba a la izquierda y se la pegaba, nos sentimos francamente aliviados. Mi mujer incluso sacó medio cuerpo por la ventanilla para aplaudir”, confiesa uno de los testigos del accidente.

Martí provocó, en efecto, una importante ralentización del tráfico y sus constantes frenazos acabaron enervando a todo el mundo. Incluso cuando consiguió salir del vehículo siniestrado -con magulladuras en la cara y una pierna rota, pero sano y salvo-, varios curiosos le gritaron desde lo alto “Vuelve a la bici, gilipollas”. Francisco Romeo, portavoz de la Dirección General de Tráfico, aprovechó para pedir a los automovilistas en prácticas “que no abusen de la paciencia de la gente”.

Según datos de la DGT, un conductor novel puede provocar retrasos de hasta veinte minutos y niveles de estrés comparables al que generan las películas de arte y ensayo en un espectador medio. “Suelen ir en coches pequeños y baratos, van tan pegados al volante que parece que tengan algún problema mental y normalmente piensan que, al ser frágiles, se les perdona todo” explica Francisco Romeo, quien recomienda actuar con determinación ante la presencia de estos conductores, acercándose mucho a su automóvil “para que entiendan que deben apartarse inmediatamente de tu camino”. Si la advertencia no surte efecto, existe otra técnica más drástica consistente en aminorar la marcha, dejar que el coche en prácticas se aleje unos metros y entonces acelerar súbitamente haciendo señales luminosas. “Así el novato cree que nos hemos vuelto locos y que nos estamparemos contra él, con lo cual hará lo que sea necesario para esfumarse”, insiste Romeo.

Ya ingresado en el Hospital de Vic, Joan Martí ha querido disculparse públicamente y ha prometido también que no se subirá a un coche nunca más. “Me saqué el carné a la primera, me veía bastante seguro al volante y pensé que algún día podría conducir como cualquier otro. Me equivoqué. Hice el ridículo, destrocé el coche que me regaló mi padre y chafé varios arbustos. Espero al menos que mi caso sirva de advertencia a todos los que se acaban de sacar el carné de conducir. Si no has conducido nunca por una carretera de verdad, quédate en casa. No seas prepotente”, declara entre lágrimas.