La indignación de los compañeros de Antón reside no sólo en que fingiera estar lleno cuando no lo estaba, sino en que indujo a los demás a no tomar postre cuando él sí pensaba hacerlo. “Y eso en una cena pagada a escote es alta traición”, se queja Ángel Ceperio, compañero de Antón. “Yo siempre me preocupo por saber qué van a tomar los otros y así luego pido algo que tenga más o menos el mismo precio. Antón ha demostrado que no es de fiar”.

Además, Antón López no dejó de decir cosas como “está de muerte” o “qué bien entra” mientras se comía el combinado de chocolate. “Nosotros le mirábamos y bebíamos nuestro café en silencio. No se dignó ni a ofrecer un poquito. Definitivamente, no pienso avisarle si volvemos a quedar”, añade otro de los comensales.

Antón no entiende el rencor de sus amigos. Cree que es perfectamente natural “no dar más de sí” y luego pedir postre, “porque hay personas que tenemos un departamento especial en nuestro estómago para los postres que no se puede llenar con el resto de la comida”. Según él, se trata de un hecho “científico y comprobado”, comparable a la capacidad de algunos hombres de estar muertos de sueño “y sin embargo estar abiertos a propuestas sexuales”.